Entre anaqueles

De libros y letras / Novedades editoriales / Reseña de libros

viernes, julio 07, 2006

Blogs: libertad para la escritura



Nota: Hoy les coloco un trabajo publicado este lunes en el diario El Mundo dedicado a los blogs literarios y periodísticos...el martes volvemos con las reseñas tanto en este vespertino -las cuales se estaban publicando los jueves- como en este espacio. Andrés

Los Blogs liberan la escritura
Inicialmente fueron creados como “cuadernos electrónicos” donde se iban dejando ideas, fragmentos, etcétera. Hoy en día, los blogs se han transformado, tras sortear críticas y alabanzas, en todo un fenómeno que está sentando matrices de cambio en el ámbito artístico y comunicacional

Andrés Tovar Zabaleta

El fenómeno de los blogs se ha abierto paso entre las comunidades de internautas en todo el mundo. La aparición de estas bitácoras virtuales aproximadamente en el año 99 revolucionó la forma de publicar contenido. Si bien desde hacía años los grandes sitios de Internet utilizaban complejos manejadores de contenido, los blogs ofrecían a la masa la posibilidad de crear un sitio fácilmente personalizable con la flexibilidad de crear o actualizar contenido virtualmente desde cualquier computador que estuviese conectado a Internet.

Hoy en día con una conexión y con una simple computadora que no necesita ni ser nueva ni tener los últimos avances (y prácticamente sin gastar un bolívar o dólar de más en software gracias a la inmensa oferta de aplicaciones Web que hay actualmente disponibles en casi todos los idiomas) se puede uno convertir en escritor y verse publicado en el ciberespacio, aunque muchos matizarían esa aseveración y dividirían entre bloggers -o bloggeros o bitacoristas- y escritores; aun cuando después pueda haber múltiples categorías o divisiones.Pero todo fenómeno humano atrae siempre polémicas.

Muchos autores (usualmente mayores de 40 años) lo ven con desconfianza por la gran facilidad para publicar que atenta contra la calidad de lo publicado. Pero, en la mayoría de los casos, se trata del más absoluto desconocimiento sobre el asunto.Tanto oírlo nombrar hace que el término sea cotidiano, aunque mucha gente no sepa realmente para qué sirve ni cuáles son sus alcances.

Lo cierto es que los blogs están en boga y que muchos autores jóvenes -y otros no tan jóvenes- están encontrando en ellos un medio de expresión sin las “ataduras” del mercado editorial.

Sin ataduras

Roger Michelena es librero, director de Ficción Breve Libros -empresa dedicada al mercadeo y promoción editorial- y un “bloggero” confeso. Para este trabajo compartió algunos aspectos relacionados con el mundo de las bitácoras virtuales, entre ellos sus potencialidades.
“Las ventajas de tener un blog, sea literario o no, son muy sencillas: puedes exponer tu trabajo, puedes guardar tus ideas en un sitio seguro porque los blogs pueden ser, entre otras cosas, unos buenos estacionamientos para las ideas que se te ocurren. Asimismo, poseer una tribuna para mantenerse en contacto con lectores de todo el mundo”.

Pero el blog no es sólo una pretensión tecnológica para literatos. “Puedes publicar lo que quieras y cuando quieras; esas cosas que van surgiendo, que sabes que será muy difícil llegar a ver en papel alguna vez, como esbozos, pequeños textos, y divertimientos varios. El blog es una herramienta muy flexible. Cada quien la toma a su manera y le da distintos fines”.

Para Michelena, los fines y usos de un blog son variados y la única limitante existente es la creatividad y el juicio valorativo de quienes lo consulten. “En el periodismo sucede mucho esto. De hecho, muchos periodistas han ampliado la publicación impresa de sus trabajos por entregas en su blog. Pero también siempre existirán los que transcriben en el blog lo que solían escribir en su diario de ‘Hello Kitty’, pero ahora no en secreto sino para toda la red. Eso y muchos otros propósitos son completamente válidos. Para muchos sólo durará lo que les dure las ansias de escribir, o lo que los bloggeros llaman el ‘síndrome del próximo posteo’, pero para otros es una posibilidad de libertad, para escribir, para publicar y compartir información sin otros límites que los que puedan ocasionar la tecnología”.

¿Medio del futuro?
El blog como fenómeno de comunicación y las potencialidades que brinda ha hecho que éstos hayan pasado de una manía cibernética a una real alternativa de comunicación, puesto que brinda la posibilidad de la retroalimentación, base fundamental del proceso de la comunicación. Esto ha hecho que diferentes casas editoriales y medios de comunicación de todo el mundo le hayan puesto el ojo a los blogs como otra plataforma de interactividad. Empresas de comunicación como The New York Times o Clarín -por citar dos foráneos- y El Universal y la Cadena Capriles -mencionando dos nacionalesposeen en sus sitios en Internet directorio de blogs donde sus periodistas o articulistas pueden plasmar sus escritos y recibir los comentarios de sus lectores.

Éste hecho ha despertado pretensiones tecnócratas que afirman que el blog representa el futuro de los medios de comunicación.Michelena considera que esto debe verse con lupa. “Creo que decir que el blog es el medio del futuro no es del todo correcto. En realidad el medio del futuro es cualquier herramienta o sistema que permita la publicación de contenido de una manera libre. Sin duda, hoy en día el blog es la manifestación de lo que puede ser el medio del futuro, pero tampoco categóricamente que éste sustituya a un periódico, por ejemplo. Lo mismo dijeron de la radio cuando apareció la televisión, y la historia y el uso de cada medio se han encargado de demostrar lo contrario”.

No obstante, en este sentido, el librero afirma que el mundo de los blogs se debe mirar más allá de una posibilidad comunicativa y verse como un hecho que está afianzando una matriz cultural.

“Internet cambió al mundo y el blog es parte de ello. La gente chatea a diario, juega a la perfección y al mal, se enamora por Internet, hace negocios a través de correos electrónicos, dan noticia de sus vidas, buscan información, entretenimiento y cultura. Así, creo que el blog es una herramienta del futuro en el sentido que es un medio de expresión nuevo, dinámico y flexible, que ha de ir mutando de acuerdo con las necesidades de los usuarios y de las propias intuiciones creativas de sus autores. Con todo, dos características que parecen estar claramente diferenciadas en los blogs es la amplitud, y la otra, la interactividad entre el lector y el autor, que a veces puede resultar provechosa y, en muchos casos, simplemente superficial”.

Aprender, leer y comentar
Construir un blog es una tarea sumamente sencilla. Hoy en día, páginas como Blogger.com -la más popular que aloja estas bitácoras- o Veneblogs.com le explican, paso a paso, cómo se puede crear un blog y cómo escribir y publicar en él. En todos, son tres los pasos básicos, tan fáciles como abrir un correo electrónico.
1- Crear la cuenta de usuario (igual que abrir un correo electrónico)
2- Asignar un nombre a su blog (el sistema automáticamente le propiciará una dirección electrónica, en caso que esté disponible)
3- Escoger la plantilla o diseño que le guste. Lo demás es escribir y publicar, con tan sólo un clic.

Hay blogs de todo tipo: literarios, periodísticos, de ocio, tecnológicos y hasta eróticos. Dentro de las páginas web que alojan estos sistemas existen directorios clasificados por temática. También páginas de medios de comunicación como la de la Cadena Capriles ( www.cadenaglobal.com) ofrecen directorios de blogs de diferentes temas de interés.Aquí hay una lista de blogs de diferentes temas, con los cuales podrá tomar nota -en caso de que quiera usted hacer unoo simplemente leer.


http://elespectadorvenezolano.blogspot.com - Blog de E.A. Moreno - Uribe sobre críticas y reseñas de artes escénicas venezolanas.

http://www.periodismodepaz.bitacoras.com/ - Blog de Periodismo.

http://libreriamichelena.blogspot.com - Blog de Roger Michelena sobre novedades editoriales.




viernes, junio 30, 2006

Dos mundos, un país

Hablar de migración es también hablar de cultura e identidad comunitaria, de tradiciones, de cultura religiosa y no solo de divisas y economía nacional.En parte, gracias a ella, Venezuela cuenta con una de las mayores diversidades étnicas y culturales de América Latina, tanto que, como lo dice Simón Molina Duarte en su trabajo Impacto de las migraciones en la Venezuela del siglo XX es casi imposible definir qué es un venezolano debido a los múltiples ingredientes que se han fraguado en esa amalgama de razas a lo largo del territorio nacional.

La variada presencia, por causas diferentes, de intelectuales y artistas de diversas partes del mundo, que van desde los exiliados políticos, inmigrantes por razones económicas hasta los científicos instalados en nuestro país atraídos por la exuberancia de nuestro territorio, así lo han querido. Prueba contundente de ello se halla en los dos lanzamientos literarios de esta semana. Nos referimos a los libros Exilio a la vida: Sobrevivientes judíos de la Shoá en Venezuela, editado por la Unión Israelita de Caracas e Italia y Venezuela:20 testimonios, producción de la Fundación para la Cultura Urbana, ambos presentados este martes 27 y que ocupan hoy este espacio.

Ambos reúnen, cada uno con sus realidades propias, 91 historias de inmigrantes que escaparon de una realidad -cruenta en la mayoría de los casos- y encontraron al otro lado del charco un nuevo mundo, nuevos patrones culturales, nuevos valores, una nueva cultura; la cual aprehendieron y transformaron en 91 historias de éxitos y aportes al crecimiento social del país.

Y tanto han sido sus logros que, entre muchos venezolanos, se ha creado un paradigma, que podemos resumir en una interrogante ¿Por qué el extranjero triunfa en nuestro país y nosotros (los venezolanos) no hemos podido? Somos inconstantes, cómodos y flojos, paternalistas. Innumerables calificativos lo han intentado explicar. La interrogante sigue latente y, como me lo advirtió un colega en una mañana de café, en nuestro trabajo las interrogantes crean compromisos. Un reto en puerta, que estoy seguro será compartido con sus reflexiones.

AIRES DE RENACER Ya el título Exilio a la vida: Sobrevivientes judíos de la Shoá en Venezuela ofrece una metáfora hermosa del país de siempre brazos abiertos. Pero, más que ello, es una contundente afirmación de las historias que presenta. En sus dos tomos, esta producción expone las historias muy personales de 71 judeovenezolanos, que vivieron los horrores de la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración y el nazismo en diversos países de Europa; y muestra, sobre todo, cómo impusieron la vida y la esperanza para completar sus destinos en Venezuela, donde consiguieron amansar un poco la memoria y sembrar de nuevo sus raíces. La obra cuenta con textos de Jacqueline Goldberg, fotografías de Esso Álvarez y un valioso material gráfico documental, contiene los testimonios tomados de las grabaciones que entre 1996 y 1998 hiciera en Venezuela la Survivors of The Shoá Visual History Foundation, organización que dirige Steven Spielberg y cuyos datos han sido corroborados y actualizados con los propios sobrevivientes.

CON SABOR MEDITERRÁNEO Por su parte Italia y Venezuela: 20 testimonios ofrece una interesante visión de una misma experiencia:el arraigo en Venezuela de un grupo de inmigrantes italianos que han formado parte en la construcción del país. Una edición bien cuidada que se suma a los anteriores libros de la Fundación, sobre testimonios de la inmigración española y alemana.El texto reune testimonios de personajes tan disímiles como Giácomo Clerico, Corrado Galzio, Gaetano Bafile, Graciano Gasparini, Mario Zilianti, Antonio Pasquali, Filippo Sindoni, Marisa Vannini, Guido Oliveri, Eddo Polesel, Giuseppe Domingo, Piera Ferrari, Franco Rubartelli, Antonio Constante, Victoria de Stefano, Rosita Di Jerónimo, Giola Lombardini, Egidio Romano, Nica Novielli y Giuseppe Gianetto, todos resumidos en la pluma de Guadalupe Burelli y captados por el lente de Gianni Del Maso.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en el Diario El Mundo el 28 de junio del 2006

De Pedro y los Incas

Hay un despertar de la historia en Latinoamérica. Los diferentes procesos políticos y sociales que atravesamos actualmente en nuestro continente vienen, la gran mayoría de ellos, acompañados de un componente histórico que resucita el pensamiento de los antiguos historiadores. Este panorama obliga a una relectura de las crónicas, las cuales anteriormente se las entendió como una suerte de repositorios de información y hoy vemos que fueron libros escritos por historiadores que emplearon su bagaje cultural para explicar un pasado que empezaban a conocer.

Este bagaje, gracias al Renacimiento, recubre, como un follaje, los datos que los cronistas pudieron recoger para escribir una historia que fuera tan suya como la de sus orígenes. Biblioteca Ayacucho ha editado varios volúmenes dedicados a rescatar esa literatura “antropológico-histórica” de los orígenes latinoamericanos, recopilando títulos como Comentarios Reales del Inca Garcilaso de La Vega, Historia General de las Indias y vida de Hernán Cortés de Francisco López de Gomarra e Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela de José Oviedo y Baños.

A estos se suma recientemente Crónica del Perú:el señorío de los incas (469 páginas) de Pedro de Cieza de León, un tratado sobre el origen y desarrollo de las primeras civilizaciones que poblaron a la hoy nación peruana. Pedro de Cieza de León fue el primer cronista interesado en escribir la historia global de los Andes. Su Crónica del Perú fue durante muchos años referencia obligada e información segura para los españoles de la época y para no pocos historiadores. Cieza elaboró una de las más completas visiones del mundo andino, siempre desde el punto de vista occidental español de la época, complementando información y abarcando tanto la historia política como la social y cultural.

Es recordado también por ser uno de los mejores escritores de crónicas, habilidad ya reconocida por sus contemporáneos, lo cual le valió el encargo de elaborar una historia global de la gesta hispana en los andes. Cieza murió tempranamente en Sevilla el 2 de julio de 1554, a los 32 ó 34 años, y vio impresa sólo la primera parte de su obra, debiendo el resto esperar hasta finales del siglo XIX para ver las imprentas.

Cieza pinta el gobierno inca de acuerdo al modelo de gobierno de varios libros del siglo XVI, tales como El príncipe de Maquiavelo . No se sabe si Cieza leyó dichos libros o no, pero evidentemente sabía los consejos básicos que se dan para que el príncipe mantenga un buen gobierno: ser amado o temido, conocer bien a sus súbitos, valerse de buenos consejeros, ser justo, establecer orden en beneficio del bien común y seguir la ley natural. Un libro recomendado para los verdaderos amantes de la historia.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en el Diario El Mundo el 22 de junio de 2006.

PD: Prometo incluir la portada del libro a la brevedad posible

sábado, junio 24, 2006

Bolivaria-no

Cuando en la era totalitaria las naciones marchaban al paso de la oca, el nacionalismo -así como el nazismo, el fascismo y otros tantos ismos- prometieron la gloria nacional y eterna, una resurrección del Imperio Romano y el Reich de mil años. El resultado ya está escrito en la historia: sangrientas muertes, racismo descarnado y torturas inhumanas amparadas bajo el mito de un pueblo unido bajo el amparo de la nación y de un líder infalible.

En Venezuela no hemos llegado a los muertos de la Alemania nazi pero, al igual que en el Reich, el nacionalismo ha dejado su impronta, haciéndonos recordar la frase de Cabrujas: desde la Batalla de Carabobo, el país ha estado en una constante batalla. Políticos y militares se ampararon en el nacionalismo -o bolivarianismo- para lanzarse a conquistar el poder con un final realmente de película. Dos siglos pasaron, pero la batalla sigue, y eso es lo interesante. De este interés surge el acercamiento a textos como el más reciente del reconocido historiador venezolano Manuel Caballero Por qué no soy bolivariano.Una reflexión antipatriótica (219 páginas) editado por Alfadil Ediciones, con quién anteriormente publicó La pasión de comprender, también reseñado en este espacio. Este libro descubre las posiciones del autor frente al fenómeno nacional-bolivariano, que ronda por nuestros ambientes desde hace 8 años, pero con raíces mucho más antiguas.

Caballero procuró analizar -tanto a partir de su razonamiento como de varias fuentes- las razones y causas del mismo.Como quiera que el libro se dedica a describir la inmensa influencia del bolivarianismo en las directrices de la nación, con sus dificultades, torceduras y obstáculos, hasta revolver las venas del histórico culto popular al Libertador, transformado en un “nacionalismo fundamentalista tonto si no fuese interesado y sobre todo pernicioso”.

Desde el inicio, la posición de Caballero se muestra tajante. “La historia es la memoria de la vida de los hombres como colectividad, antes que la de individuos famosos, por muy gloriosos y por muy geniales que hayan sido. Reducir los cinco siglos de vida de un pueblo a los veinte años de la acción de una personalidad relevante es mirar los hechos históricos por el lado equivocado del catalejo”, sugiere el autor. Con estas aseveraciones inicia la primera parte del tratado, dedicada a razonar el por qué, según Caballero, el culto a Bolívar apela a lo irracional, “por ignorancia o mala fe”.En la segunda parte reflexiona sobre el modo en que se ha hecho de Bolívar un ícono, junto a un Bolívar caricaturizado a través de frases mal citadas, falseadas, descontextualizadas, con la intensión de mitificar al personaje en lo que el autor define como “un monigote de bronce, de yeso o de papier maché, carne de inauguraciones, de fiestas patronales y hasta de carnavales internacionales”.

En la tercera parte contextualiza el bolivarianismo con los fascismos europeos y analiza el nacimiento de un fascismo criollo bajo el capote de la memoria del Libertador. La cuarta parte acusa los males del bolivarianismo, en palabras del autor, “el antiliberalismo económico, la xenofobia y la falsificación de la historia”.La última parte plantea la necesidad de eliminar la imagen de Bolívar como “Mesías” a través de diversos textos de varios autores venezolanos como Germán Carrera Damas, Luís Castro Leiva, Inés Quintero y otros tantos.

Por qué no soy bolivariano. Una reflexión antipatriótica, en síntesis, es el llamado de alerta de Caballero a erradicar los fundamentalismos de un "poder personalista". Para algunos, la respuesta obligada al Por qué soy Chavista de Farruco Sesto. ¡Júzguelo usted mismo!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 06 de junio de 2006

Adiós mariquita linda

El bastión de guerra del escritor y artista visual chileno Pedro Lemebel (Santiago, 1955), ha sido su asumida homosexualidad y una pluma afilada que le ha abierto una puerta dentro de la literatura del país sureño. Es exitoso y envidiado, quizás por esa misma personalidad que se le veía cuando caminaba de mujer por las calles del gran Santiago. De él dicen que es el Bukowski de los pobres, el Henry Miller del sur, la loca latinoamericana, el negrito (o la negrita) en Harvard porque lo invitaron a dar una conferencia allá y además le dieron la beca Guggenheim; que es la diva, que lo adoran los alumnos de literatura del mundo y los editores de los diarios Página/12 de Argentina y La Nación Domingo de Chile, donde ha escrito parte de los párrafos de su más reciente libro titulado mexicanamente Adiós mariquita linda (218 páginas), editado recientemente por la Colección Debate de Ramdom House Mondadori.

En esta nueva entrega, Lemebel prolonga el género literario donde ha entregado sus mejores páginas: la crónica urbana. El volumen concentra una cincuentena de crónicas, publicadas en el último período en diversos medios escritos y provistos de una redacción que denota un ojo certero para hablar desde una marginalidad asumida que no anhela convertirse en discurso político o crítica puramente ideológica. Su perspectiva de actor secundario -hasta este libro- le permite la independencia y desfachatez necesarias para referirse sin pudor a los amoríos homosexuales -fervores de un día o pasiones persistentes-, a la tipificación del mundo santiaguino nocturno, a los afanes frustrados de artistas pobretones y sin renombre o a las políticas culturales de los gobiernos de la Concertación.

Su título alude a la canción que el compositor mexicano Agustín Lara le escribiera a la cantante azteca María Félix, y su portada remeda a otro icono del mismo país, Frida Khalo.En ambos casos hay una mezcla de cultura popular y de kitsch masivo que Lemebel quiere reflejar en sus crónicas, las cuales recogen artículos, cartas a amores perdidos, encuentros en el norte de Chile y en La Habana, e incluso dibujos a mano alzada.

Estructurado en siete capítulos, el conjunto da cuenta mucho más de los espacios abiertos de la ciudad que de aquellos encerrados:restoranes, calles, hoteles, plazas o sitios eriazos conforman el paisaje de las aventuras de un protagonista que ha fotografiado a un Chile sucio y a la vez luminoso, cómico y triste. A diferencia de otros cronistas preocupados de entregar una gran cantidad de información, aquí predomina la recreación de atmósferas, el ambiente, el diseño de sus personajes, la perspectiva inusual, la adjetivación profusa, la reflexión aguda y hasta arbitraria.En este libro el amor se para en su puerta y él lo escribe popular, en esa onda polvorienta y total que ya es un referente en la literatura latinoamericana, con una velocidad y lujo que transmite un cierto desespero, una ola snob y una pulsión loca. Una necesidad de decirlo todo.

“Y recién al sentarme en un asiento, observado con curiosidad por los pasajeros, pude mirar a través del polvoriento cristal, y ésa fue la única visión que tuve del amanecer”, escribe, “con sus casitas pintadas, en contraste con el azul galáctico del mar lamiendo la playa de espumoso tul. Al partir el bus divisé por la calle al grupo de milicos que traían al Roger cogido de los brazos como un forajido”.Este adiós es una contaminación atmosférica y una nueva sensación térmica.

Con este libro, el autor advierte que se dejará auscultar y diseccionar por la crítica a favor o en contra, pero que le basta y le sobra el encuentro con los lectores: sus verdaderos pares. Todo el que escribe se merece a su lector, o todo el que abre un libro merece lo que lee. Y todo escritor es el estúpido de otro, como advierte Umberto Eco.

Lemebel nunca fue monedita de oro para gustarle a todo el mundo. En este libro le encanta describir sin ahorro escabrosas escenas sexuales y políticas. Lo entretenido y desafiante es que ahora es perfectamente capaz de inmiscuir en sus relatos a la crítica especializada, los profesionales de los medios y los amantes de paso, mucho más ahora que la fama tipo Truman Capote es una ola alta que lo arrastra. “Por suerte no vine con tacón alto” escribe él.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 10 de abril de 2006 con el título "Otro Bukowski"

De prófugos y fantasmas

Como desgraciadamente todas las cosas que suceden, y también las que no suceden, se han tenido que justificar, pues la hipocresía es base social de nuestra civilización (le duela quien le duela esa es la triste realidad nuestra), ha sido necesario que las justificaciones sólo cumplan con el objetivo de dejar señalados los errores y horrores que hemos cometido con el objetivo de la superación y el bien común, las cuales aún todavía estamos a la espera.

No olvidemos que el camino al dulce infierno está empedrado con buenas y de buenas intenciones.La influencia y los caprichos del poder -ya sea político o económico- han sido tema recurrente en el cine y la literatura. En este sentido recordamos en la gran pantalla al altanero Tony Montana -interpretado por Al Pacino- cuestionando la podredumbre de una sociedad regida por el imperio económico en El precio del poder, de Brian de Palma, por mencionar una de tantas películas. En la literatura, y más específicamente latinoamericana, José Saramago con cualquiera de sus libros se erige como punto de referencia de la crítica al poder.

Conviene hacer estas referencias antes comentarles De prófugos y fantasmas (2005) del uruguayo Héctor Concari, una nueva crítica literaria al poder pero enmarcada en otro terreno, en el de la ficción y lo novelesco; todo aderezado con la agilidad y el ingenio de la pluma de su autor, conocido en el país por sus colaboraciones en las desaparecidas revistas Cine Oja y Cine al día, Encuadre e Imagen de la Cinemateca Nacional. Esta novela, de 260 páginas y editada por Random House Mondadori, centra su historia en una mítica estructura urbana, una cárcel, a la cual la ambición de poder de un funcionario público logra transformar en un hotel de lujo a comienzos de la década de los 80, siendo el punto de partida la fuga de un grupo subversivo.Dos escenarios se exponen y se trastocan: la vida entre las celdas y la vida entre los remozados pasillos para así hilar una serie de relatos que en conjunto muestran los desmanes de la ambición que, tarde o temprano, comienzan a pasar factura.

Al inicio personal y posteriormente colectivista, narración se torna inquietante en la búsqueda de las fronteras entre la realidad y la ficción que conmueve sus personajes. Como casi siempre ocurre con la imaginación que trasciende, una pequeña anécdota de gente derrotada que hace tiempo ya extravió sus ilusiones, crece hasta convertirse en un retrato universal donde caben todos los espejos y todos los sentimientos. El juego de sombras y la ambigüedad que permea toda la novela, es evidente en las últimas páginas donde Ramírez problematiza la ficción en un epílogo que titula “Cuenta el que se escapó”.

El carácter documental de esa narración privilegia la realidad histórica por encima de la ficción novelesca, pretenden darle valor de autenticidad a la novela, hacer historia. “Escriba que hubo una vez una prisión, que después fue un hotel y que, navegando a través de los gobiernos, por ahí pasó lo mejor y lo peor y que, si las paredes hablaran, sabríamos cómo ese país se fue a la mierda”. Aunque elusiva en cuanto a identidades, mientras más se avanza en sus páginas, más claramente aparece Caracas como escenario de esa historia.

Es así como el autor logra construir un castillo fuertemente armado, para al final tirar de la alfombra bajo nuestros pies, y dejarnos suspendidos en el aire, flotando en la indecisión, en la duda, en el limbo que se abre entre el poder y la duda. De esta manera, De prófugos y fantasmas se proyecta como una indagación magistral sobre los juegos de poder, la adquisición y la pérdida de poder y que nos enfrenta, con maestría y arte, a las intrincadas manipulaciones de la verdad, a sus representaciones, a los efectos que los discursos tienen sobre la realidad, y los efectos de poder que éstas producen. Interesante propuesta.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 20 de marzo de 2006

Al calor del verano

La psicología ha sido cuestionada frecuentemente respecto a la conducta llamada criminal.Las preguntas más frecuentes pueden ser: ¿Por qué alguien decide romper la ley?, ¿Por qué hay tanta gente que parece no poder dejar de delinquir?, ¿Cómo hay gente que puede cometer cosas tan atroces?Parte de estas preguntas han resultado de los múltiples casos de los que, a través de los medios, el mundo se ha enterado, o de aquellos cuyas acciones eventualmente salen a la luz y son examinadas cuidadosamente para descubrir que se trata de personas inteligentes o cuyos motivos criminales son absolutamente incomprensibles, o incluso pueden pasar por tontos. Los más inteligentes, se suele decir, no han sido capturados y muchos siguen entre nosotros.

Ante estos “fenómenos criminales” podemos crisparnos o sentir temor; pero no podemos negar que nos produce una especie de morbo que nos hace indagar más sobre estos seres que han tomado el crimen como forma de vida.Esto es bien sabido por el escritor y periodista judicial afgano-norteamericano John Katzembach, quien ha sabido convertirse en un icono de la novela policíaca en Estados Unidos de América con El Psicoanalista y La historia del loco y regresó, luego de sus affaires con el cine, al terreno de la literatura con Al calor del verano (Ediciones B. 445 páginas), que se anexa a su lista de producciones de suspenso e intriga que han recaudado millones de dólares en la tierra del Tío Sam.

Originalmente concebida como el guión de la película Llamada a un reportero (1985), Al calor del verano conserva los elementos de intriga y juego psicológico que caracterizan la pluma de Katzembach, la cual en esta novela dibuja a un reportero de sucesos de un importante periódico de Miami, que regresa a la oficina de redacción tras asistir al funeral de una niña de diez años que ha sido asesinada. El editor del periódico considera que se trata de una gran historia y le ofrece publicarla en primera página. Una vez que publica el artículo recibe una llamada del asesino que anuncia que seguirá matando a víctimas inocentes. Las llamadas y los crímenes se van sucediendo y pronto el reportero descubre que se encuentra en el centro de la historia, estableciéndose una relación casi enfermiza en la que el reportero intenta ganarse la confianza del asesino para poder desenmascararlo.

En esta novela, un secundario principal cobra protagonismo inmediato: el ambiente de un Miami un tanto somnoliento, pero a la vez vivaz. Repleta de una naturaleza viva, y de unas gentes que se sintonizan con ella a ritmo de paseo. Moviéndose sobre ese marco, Katzembach crea una galería de personajes que van creciendo a lo largo de la trama: Un agente de bolsa, un inversionista, entre otros, van cayendo de las manos de un asesino que, en ocasiones, toma mayor protagonismo que el reportero, gracias al elaboradísimo retrato que el autor va realizando: un asesino egoísta, directo, inteligente, analítico, perspicaz y hasta con ademanes encantadores. Quizá un perfil algo común de lo que acostumbradamente se ve de los asesinos en serie.

Sin embargo, sobre este punto anterior descansa una de las virtudes de la pluma de Katzembach; quien durante la novela no emplea jamás adjetivos calificativos para retratar al asesino, porque de hecho no le describe; sino que le construye a través de sus acciones.Sólo en raras ocasiones la literatura negra ha conseguido esa familiaridad continuada que es la única ventaja sobre ella de la que pueden presumir las series de televisión.

Y, a pesar de que no se aleja mucho de la estructura “bestsellera” de finales flojos, las buenas secuencias de la lectura hacen de Al calor del verano una interesante opción de lectura con la que Katzembach demuestra ser un referente para los aficionados al suspenso psicológico, los cuales son muchos por estas tierras. ¡Un asesino está en los anaqueles!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 13 de febrero del 2006

La marcha a pie

La literatura venezolana tiene en la pluma de Victoria de Stefano (Rímini, Italia. 1940) a una de las precursoras, junto a Antonieta Madrid (1930), de una nueva visión en la cual la mujer, como escritora y personaje, es protagonista de un mundo abierto que no se limitó al espacio de la intimidad o al culto de la historia nacional. Con libros como El lugar del escritor (1992) y Cabo de vida (1994) solo para mencionar dos, reinserta la novelística nacional en una sensibilidad contemporánea, marcando una distancia definida con autoras de generaciones anteriores como Juana de Ávila o Narcisa Bruzual, entre otras.

Pero de todas las producciones literarias de De Stefano, quizá la más trascendente es Historias de la marcha a pie, editada por primera vez en 1997 y que reaparece en los anaqueles de las librerías del país de la mano de la editorial “El otro, el mismo” ; en una muy cuidada reedición que viene a sumarse a los títulos de la colección Salvador Garmendia de la editora alternativa merideña. Finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos en el año de su aparición, esta novela-memoria-ensayo-relato conjuga la experiencia de vida, el conocimiento literario, la erudición y la reflexión filosófica de De Stefano, todo en 300 páginas llenas de una vibrante prosa que engancha desde las primeras hojeadas.

En Historias de la marcha a pie, la escritora, que hace las veces de memoria viva y personaje, despliega la historia de una larga y no desprovista de nostalgia caminata de ida y de vuelta a Bernardo, enfermo terminal y amigo de toda la vida. El encuentro con él inicia en las primeras páginas, simbolizado por la cuesta que ha de subir dando un paso detrás del otro y que representa, como todo encuentro, un solitario y silencioso esfuerzo de resistencia emprendido por la memoria, las meditaciones e introspecciones a fin de recuperar el hilvanado de una vida que está por extinguirse.

“Subiendo la cuesta que conducía a casa de Bernardo, diciéndome voy a verlo, voy a verlo, por fin ha levantado el veto, de pronto, sin más, como una zambullida a las profundidades de un cuarto de siglo, se me impuso antes que el recuerdo, la vivida esencia del recorrido (...) Póngase lo que se ponga, siempre se verá lo mismo: la fritanga, el puchero de la indigencia, el hollín de la tristeza, los remiendos que exhibe, los andrajos que sacude la miseria, el agua de la curtiembre, el humo de los crematorios”.

La novela, eminentemente espacial en cuanto a narración de un peregrinaje, transpone a partir de lo vivido, lo visto, oído y percibido, los límites temporales y relativamente breves del trayecto a casa de Bernardo.De ahí la sensación de que la novela abarque más personajes y hechos de los que, por larga que sea, contiene una vida. Pues, paralela a la retrospección e interiorización del pasado de la narradora y del personaje narrado, es también una época la que hace posada en el camino. Así De Stefano escoge a sus personajes, atraídos por algún recuerdo banal, excéntricos, estrafalarios, perdidos en sus borrosas identidades.

Pero el tema fundamental es el propio lenguaje, la misma aventura de la frase, la impecabilidad de un tratamiento formal que encuentra un sentido rítmico de la lírica clásica, la concisión de la palabra certera que queda reverberando, la iluminación de una vivencia.Historias de la marcha a pie no tiene la marca de un lugar, su sitio es la memoria, el del recuerdo, el de la cultura como tejidos donde transcurre el devaneo de la pregunta por la existencia que teje tensa y culmina la trama, mostrándole al lector la capacidad dialogante que hace de cada paso el encuentro fortuito que desencadena los contenidos de la imagen, los laberintos de la memoria, el quiénes somos, quiénes nos rodean y quienes están enfermos ¿ellos o nosotros?!En horabuena apareció esta edición en nuestros anaqueles!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 31 de enero de 2006

Los vampiros de Kostova

Dígase lo que se diga, ya sea por buena pluma o por el buen mercadeo, son muchos los escritores que envidiarán a Elizabeth Kostova (Connecticut,EE.UU,1954), una desconocida que en pocos meses se hizo millonaria con La historiadora (Editorial Umbriel, 2005), su ópera prima que desde la mitad del 2005 comenzó a recorrer el mundo y que está en las librerías venezolanas desde diciembre del pasado año. Ya la editorial le adelantó dos millones de dólares por la obra y, lo que es mejor, ha visto ya su novela traducida a más de 28 lenguas. Además, por si fuera poco, la productora audiovisual Sony Entertainment ha comprado los derechos para llevar este “gran descubrimiento literario” a la gran pantalla. La historiadora se mercadeó como la sucesora del éxito de las novelas de Dan Brown.

Y si es verdad o no que obtuvo éxito de ventas, lo cierto es que su calidad literaria está muy por encima de obras como El código da Vinci, porque ésta es una obra bien escrita, que no engaña al lector ni le toma el pelo. Eso sí, esta narrada con un tempo interno lento y cadencioso, quizás por el uso de la técnica epistolar a lo largo de casi todo el relato. La autora además hace unas atinadas descripciones de todo lo que rodea a los personajes de la novela, convirtiéndose así también en un libro de viajes, recreando un ambiente que hace que el lector se involucre en la trama, además de dosificar la información que se va conociendo al mismo tiempo que la trama se desarrolla.Con todo ello consigue una novela que engancha a pesar de no tener la típica planificación “bestsellera” y de su ritmo pausado.

La historia es aparentemente sencilla, en tres momentos del siglo XX, pero relacionados entre sí, un historiador, su discípulo y la hija de este, salen en busca de pistas que les conduzcan a encontrar la tumba de Drácula. Un Drácula más cercano a Vlad Tepes que a la imagen romántica que legó el escritor europeo Bram Stoker. El libro se centra sobre todo en las pesquisas del discípulo del historiador, que desaparece al poco de entregar a su alumno toda la información que tiene sobre el vampiro, lo que hace que este recoja su testigo con el doble objetivo de encontrar al historiador y la tumba del vampiro.

Sin embargo el peso de la narración recae sobre la hija de este que muchos años después reconstruye la investigación de su padre. Todos estos historiadores, más muchos otros que aparecen en las páginas del libro van aportando pistas, gotas de información que conducirán a la resolución del enigma. Esto da que pensar sobre la traducción del título, pues el “historian” original puede que no se refiera a la narradora, sino a alguno de los personajes que aparecen en la novela.

Quizás lo más flojo de la obra son los vampiros que aparecen, unos vampiros desprovistos de glamour y que no suponen ninguna novedad con relación a otras creaciones sobre el tema. Sin embargo, a pesar de eso, consigue transmitir cierta sensación de desasosiego en algunos momentos. Por el otro lado están los personajes, muy bien construidos y caracterizados que hacen creíble la historia. Lamentablemente, mucho de lo conseguido se estropea en un final facilón y brusco, que rompe con el ritmo narrativo de la novela y que además de robar de forma un tanto desprovista de encanto la enigmática presencia de Drácula, busca descaradamente dejar un resquicio abierto para una posible continuación, dado el éxito de ventas seguro que llegará tarde o temprano.

En varias entrevistas, concedidas a diferentes medios alrededor del mundo, la autora ha afirmado que ha tardado diez años en terminar la novela. Tal vez podría haberse tomado unos días más y rematarla de forma menos decepcionante.

No obstante, La historiadora es una buena novela, sobre todo tratándose de la ópera prima de Elizabeth Kostova, quien, a pesar de sus fallos, que los tiene, da lo que anuncia y sobre todo apunta unas buenas maneras. Un producto de consumo literario digno y entretenido.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 24 de enero del 2006

El Silencio

El silencio suele ser una de las maneras más incisivas de hablar desplegada por el poder. Ya en 1964, la censura argentina se escandalizaba ante una película que revelaba el silencio ya no como un callar, sino como la imposibilidad extrema de comunicación verbal en medio de la guerra y entre hablantes de lenguas diferentes. Este film, El Silencio (1963) fue precisamente silenciado por la dictadura argentina en febrero de 1964, durante el gobierno democrático “débil” de Arturo Illia, presionado por una Iglesia que no toleraba un relato cinematográfico que era, en realidad, profundamente “occidental y cristiano” a la manera en que puede serlo un protestante escandinavo tal como Irgman Bergman, atormentado por “el silencio de Dios”.

Es así que la primera reflexión que impone la lectura de El Silencio del periodista argentino Horacio Verbitsky, editado por la colección Debate de Random House Mondadori y presente desde diciembre de 2005 en los anaqueles de las librerías del país, es que el silencio de la Iglesia Católica -Argentina en este caso- ante los crímenes atroces de la dictadura militar está, a diferencia del silencio bergmaniano, habitado por palabras. Verbitsky -columnista del diario argentino Página 12 e integrante rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano- vuelve a escribir, como hizo con El vuelo, sobre el destino de los desaparecidos y prisioneros en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Esta vez, en El silencio, el autor hace una nueva revelación casi metafísica sin antecedentes en el mundo: la existencia de un campo de concentración en una propiedad eclesiástica, ubicada en la Isla de El Silencio en la Patagonia argentina.El autor retoma testimonios pero agrega precisiones sobre cómo fue el nivel de colaboración de la Iglesia con la ESMA, donde fueron recluidos en su mayoría militantes montoneros y religiosos vinculados a las ideas de catequesis del Concilio Vaticano II que habían tomado el camino de una iglesia defensora de los pobres vinculados a la izquierda peronista.

Destaca el detalle de cómo con la colaboración de un sector de la jerarquía eclesiástica los catequistas y sacerdotes “díscolos” eran desprotegidos por su orden y luego secuestrados.Desfilan, así, los casos del secuestro y desaparición de los religiososMónica Quintero,María Marta Vázquez Ocampo y de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics.

Con una prosa ágil, notablemente transparente, distanciada, que por momentos asemeja a una descripción donde el solo hecho narrado produce una conmoción destilada y dolorosa sobre el lector, Verbitsky vincula al actual cardenal primado de la Argentina, Jorge Mario Bergoglio con el caso del secuestro de Dorio y Jalics, en 1977, entonces sacerdotes de la villa del Bajo Flores. El libro toma un curso infernal a partir del momento en que se anota la seducción del Papa Paulo VI por Emilio Massera, el entonces director de la ESMA y el acuerdo del entonces nuncio apostólico Pío Laghi en el proceso de “recuperación”, llamado así al proceso por el cual los militantes montoneros secuestrados en la ESMA debían trabajar como mano de obra esclava al servicio de los planes políticos de Massera.

Así, el infierno en nombre de la fe adquiere un perfil preciso en el libro de Verbitsky cuando se describen con detalles testimonios de secuestrados torturados y humillados bajo la mirada indolente de quienes deben defender la paz y la bondad. A tantos años de aquella tragedia, el viaje hacia “El silencio” tiene la potencia de lo sobrenatural y de la interpelación más profunda para los hombres de fe, dejando el testimonio más pleno de que la moral cristiana se hundió, en aquellos años tremendos, en el lodo de la boca del delta de la Patagonia.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado el 10 de enero de 2006

Del Oficio

El oficio del músico es componer, el del pintor recrear y el del narrador contar historias. Pero, ¿Cuál será el oficio del poeta?¿Poetizar? Platón aseguraba que la palabra griega “Poeta” significaba “La definición de hacer pasar algo del no ser al ser”, y sobre su oficio señalaba “explorar en profundidad los rincones más secretos de la inteligencia y del espíritu, en una combinación mágica que esculpe su verdad, su apreciación de la vida y de las cosas”.

Así es, o debe ser, el poeta: un transformador y a la vez un creador de ideas y comunicaciones, en un verdadero argonauta de la conciencia y del corazón, un buscador sublime de la verdad y de la luz, sin los afanes formales que tantas veces perturban y esconden la libre manifestación de las ideas y de los sentimientos.

Esto lo definía el escritor mexicano Efraín Bartolomé con una sola palabra: “El oficio del poeta es arder”. Por estas razones, el oficio de poeta no es, en modo alguno, ajeno al del investigador que busca con preguntas específicas una verdad amplia, abierta a muchas respuestas posibles, imbuidas ellas en el tráfago del permanente cambio. El poeta debe explorar los datos objetivos, resumir y proyectar, pronosticar los valores vitales, redimir sus hipótesis, lograr atraer al estudio de sus tesis la atención de los estudiosos, el reconocimiento de sus pares y finalmente -para quien sepa leer su lenguaje- reportar implicancias útiles por medio de hallazgos y temas pendientes.

Tal vez por ello el oficio de la poesía no le es ajeno a un académico como Bayardo Ramírez Monagas (Caracas, 1939), quién de la mano de Bid & Co. Editores se instaló nuevamente en los anaqueles caraqueños con En oficio de otoño (165 páginas), producción poética de este jurista venezolano luego de títulos como La búsqueda (1982), Oratorio por la paz del hombre (1983) y En otros reinos (1993) y bautizada a mitad de noviembre del 2005.

En oficio de otoño es un poemario que apunta hacia la sencillez y la precisión, evocando temas como la creación, las sensaciones, el amor, entre otros que la metáfora poética puede albergar. Lo diferente, curioso y novedoso del trabajo es que éstos vienen acompañados de anotaciones sobre el contexto y creación de cada poema, las cuales buscan zambullir al lector en la experiencia del poeta cuando realiza su producción. De esta manera orienta su estilo “hacia la densidad de síntesis, de ese algo del instante”.

Como se explica en la contraportada del libro, la creación poética de Bayardo Ramírez no obedece a estados luminosos ni a propósitos formalistas, es más bien una vía de conocimiento en sí misma, una experiencia real de su propio ser para quien ha creado un lenguaje.De allí que conjugue lo personal con lo social, con la vocación y la guerra espiritual.

Conocido más por su labor como asesor del Parlamento Andino y Parlamento Latinoamericano y como redactor de leyes, Ramírez busca en este libro la continuidad urgente de su pluma artística y la búsqueda de la respuesta infinita sobre la naturaleza de la poesía. Muchas interrogantes encuentra el lector al paso de cada verso, de cada poema y a la vez surgen visiones desgarradoras, súplicas, ahogados llantos en las páginas plagadas de olores a azafrán o a ajonjolí, húmedas algunas por la continuidad de sus lluvias o la sexualidad de sus hermosas mujeres. Su poesía le reza a San Juan de la Cruz, evoca a Rafael Cadenas y recuerda al amor platónico así como a la intimidad del ser.

Más que un poemario, En oficio de otoño es un documento que permite ver desde otra perspectiva el oficio de la creación poética. Con él, Ramírez apunta su nombre en la lista de personajes que, dedicados o conocidos por su actividad política, se han volcado en los últimos tiempos a la escritura artística. Afortunadamente, la profesión y el oficio están a salvo. La profesión es el trabajo intelectual de Ramírez, el que amalgama una a una las metáforas. El oficio será el del hombre, el que logra encontrar el milagro de la palabra.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 20 de diciembre de 2005

El Bengala

De alguna manera, la posmodernidad en las costumbres y la libertad -o el libertinaje- social ha permitido que escritores que estaban muy proclives a ciertas ideologías se hayan permitido ahora explorar áreas diferentes, como la literatura de género o la crónica urbana que, en su momento, se hubieran visto con malos ojos. Esta última es una de las tendencias más interesantes, porque ha surgido como respuesta a los cambios masivos en las ciudades, haciendo que la urbe sea un lugar extraño por esas vertiginosas mutaciones sucedidas en tan poco tiempo.

En este nuevo género se representa una nueva relación con la ciudad, algunos muy autobiográficos, como es el caso del chileno Pedro Lemebel, uno de los autores latinoamericanos que ha trabajado con mayor amplitud el género y conocido por obras como La esquina es mi corazón (1995) y De perlas y cicatrices (1998), las cuales entrelaza las memorias con la ficción y con “tabúes” como la xenofobia, la homosexualidad y las drogas. En alguna oportunidad, el mismo Lemebel afirmó que “la crónica urbana es y debe ser una escritura bastarda, híbrida y monopolizada por los grupos económicos de poder”.

En nuestro país, varias plumas contemporáneas han desarrollado este género. Una de las más destacadas es la de Israel Centeno (Caracas, 1958), autor del Exilio en Bowery (1999), donde trabajó la figura y arquetipos góticos de Lovecraft; y sacó de ultratumba al Doctor Kanoche y a otros espectros urbanos en sus Criaturas de la noche (2000) y se ha paseado con buen pie por el sendero del relato urbano muy circunscrito a las barriadas caraqueñas.

Por ese mismo tránsito está Bengala (259 páginas), producción editada y puesta en los anaqueles de las librerías del país por el Grupo Editorial Norma, un relato que busca darle un carácter universal a Caracas, nombrándola no como los costumbristas, pero sí integrando a la capital con los arquetipos universales. Bengala tiene como epicentro un bar del mismo nombre, pero no es un bar cualquiera, sino uno de esos que salen en los libros de espada y brujería, es decir, lleno de escoria y que tiene la característica de ser íntimamente peligroso, como esos que abundan por el centro de Caracas y en donde cualquiera podría perder su dignidad entre cervezas y bailarinas.

En ese escenario se desarrolla la narración donde se cuenta la vida de un puñado de personajes conjurados en un viaje inverso a partir de la endeble cordura hacia la desesperación y el delito. Es un “thriller” peculiar en el que confluyen el crimen y la ternura de quienes se han perdido a sí mismos y buscan en la noche una válvula de escape, una fórmula de aniquilamiento o de retorno.

El Bengala es el centro del mundo. Es tigre, es noche, es un bar y una avenida, la Baralt. Allí recala una estirpe alucinada por sus fracasos que apuesta todo o nada a un juego signado por la trampa, la irrealidad y la ensoñación destacan sus editores en la presentación de contraportada. La novela tiene exploraciones con el comic, pero dentro los patrones del cuento y el regodeo en las formas y el lirismo.

Como en sus novelas anteriores, Centeno tensa el hilo de la historia mediante una compleja trama de voces líricas, eróticas, crudas, paródicas e intrigantes que terminan por configurar el ensamblaje de un universo urbano reconocible en donde la narración descriptiva y las referencias de la ciudad se hacen presente para darle un entorno al hilo narrativo, que se desarrolla diáfanamente con mucha soltura.

Bengala es una buena fotografía literaria de uno de los más tradicionales universos nocturnos de esta ciudad. Un universo donde los más variopintos seres, de todos los estratos y costumbres, escapan de la rutina, y más aún de su cotidianidad para hacerse sentir en un escenario donde las bajas pasiones, el instinto y las ganas de “sexo fácil” se mezclan con la necesidad, el interés, el “ganarse el pan” y la realidad que en ocasiones ha llevado a muchos al vicio, al desenfreno y a la muerte. ¡La calle está de vuelta!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 06 de diciembre de 2005

La Erótica

La dificultad de reproducir la propia historia sexual estriba en que está indisolublemente mezclada con otras cosas y hechos de la vida; si se intenta separarla resulta extraña y a menudo patética. El libro verdaderamente “erótico”, pienso, es el que llega a plasmarlo por caminos imprevistos, incluso para el autor mismo, y sale de él con la misma naturalidad con la que entró.

Siempre produce un poco de timidez, como si uno, sin quererlo, estuviese espiando una escena privada por el ojo de la cerradura. Es por eso que en las discusiones de esta sección hemos teorizado sobre el tema; no porque pretendamos ser unos teóricos o eruditos en el asunto, sino porque la literatura erótica es un acto que busca tocar las fibras mismas del ser humano. Y sobre ella hemos concluido que un “buen producto erótico” es aquel que despierte, fundamentalmente, el sentido de la imaginación, que nos haga evocar y crear imágenes mentales para así, posteriormente, estimular otras zonas más “notables”. En este sentido, lo explícito no tiene (o no debería tener) cabida.

La diosa es un pretexto (142 páginas) del limeño Jorge Gustavo Portella (32 años), fue ganadora de la tercera edición del Premio Letra Erecta del grupo editorial Alfa. Un jurado integrado por Raúl Cazal, Elí Bravo, Mónica Montañés, Karlinda Hernández y María de los Ángeles Octavio, anunció el veredicto en el cual le fue adjudicado el premio a Portella por una obra, a su juicio, cargada de “pretextos para escribir, siempre a retazos, como bien puede ser la vida o los sueños, la ficción y la realidad, el erotismo o el amor que se retratan como narraciones cargadas de mucho lirismo, en justa sincronía con el manejo erótico de la trama”.

Portella es coordinador de diseño en la Universidad Católica Andrés Bello, con una novela a la espera en los talleres de Ediciones Rayuela (No repitas mi nombre, 2005) y con varios poemarios publicados, entre los que destacan Tríptico de amor y amantes (2000) ; Ciudad sur (2002) ; Resquicios (2005) En tercera persona (2005) y Sin hábitos de pertenencia . Así se puso a redactar la historia de un escritor llamado Jorge, que vive en España y viene a Venezuela a recibir un premio, y acá se encuentra con una antigua novia. Ya él está comprometido, y en esa tensión se produce y desarrolla el imaginario erótico que despliega en la novela, mezclada con otras historias que se desarrollan alrededor de la principal.

El relato puede parecer autobiográfico, aunque en realidad no lo sea. Mujeres que guardan dolores y deseos y estudiantes jóvenes con la sexualidad a flor de piel se mezclan con los propios deseos ocultos del protagonista y su historia personal.

¿Por qué toda esta explicación sobre el “background” de Portella? Porque el libro es un fiel reflejo de las reales andanzas de su autor. Matizado con ciertos aires de lirismo, afortunadamente bien utilizados, la novela tiene ciertos visos de explicidad en el contenido erótico, muy semejantes a las escenas del cine porno, por lo que algunas descripciones carecen del “pudor imaginativo” que debe tener el erotismo y resultan algo arrojadas. Esto denota que la pluma tiene un ojo educado para lo visual pero, como decíamos al inicio de esta reseña, la visión de lo erótico debe ser imaginativa y no tan taxativa. Y en estas cosas hay que tener cuidado: Es muy difícil escribir novela erótica; la gente tiene una mala visión del género y por ello en los últimos años se ha venido a menos.

Las personas piensan que lo que se va a ver son solo órganos y posiciones y se transgrede ese límite entre lo que debe ser considerado “erótico” y lo que es “pornográfico”.Pero, sorteando este particular (que no es una generalidad), La diosa es un pretexto es un libro bien escrito, con un buen manejo de la historia y del lenguaje, que denota la formación poética de Portella . Como pretexto a la poesía, puede resultar un buen ensayo; y por lo “erótico” bueno, que los instintos personales del lector sean los que decidan.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 29 de noviembre de 2005

El Gran Virgilio

Lo que con cierto riesgo podemos llamar aún “literatura cubana contemporánea”, viene inclinándose desde hace tiempo hacia un “cronismo político-social”. Predominan en ella los certificados de eventos, los gestos notariales y un confesionalismo de baja intensidad biográfica. Ese debilitamiento de lo existencial se debe a que en todo este jaleo contextual, la política (y no otra cosa) ha acabado sacrificando lo biográfico extraordinario. En Cuba no existen “celebrities”, y eso es un síntoma del déficit democrático en términos postmodernos.

Por supuesto, hay libros y autores que no aceptan clasificación, que no encajan en la disquisición anterior y que exigen ser leídos con atención. Uno de esos es Jorge Ángel Pérez (Encrucijada Las Villas, Cuba. 1963), quien con Fumando Espero (su tercera novela, primera finalista en la edición 2005 del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos y editada para Venezuela por Bid & Co Editor) pone en manifiesto esa necesidad de no ser clasificado. Es decir, no digo que es imposible ponerle una etiqueta. Lo que sí es que la crítica debe abstenerse de clasificarlo; ¿Y cómo? pues de la única manera que existe: leyendo cada uno de sus libros, indagando, cediendo al propio plan del escritor.

Fumando Espero se desarrolla en Buenos Aires (tenía que ser para tomar como nombre uno de los más famosos tangos escritos por Juan Viladomat) y tiene como personaje central al célebre escritor cubano Virgilio Piñera, con quién el autor fabula con la estancia porteña, entre los años 40 y 50 del siglo XX, que tuvo en la realidad. Aunque en verdad se exilia en Buenos Aires, perseguido por ser partícipe de lo que podríamos llamar “literatura cubana homofílica”, representada entre otros por Severo Sarduy, Reynaldo Arenas y José Lezama Lima, de quien demás esta decir, el “padre” de esta corriente “alternativa” de las letras cubanas.

Nosotros lo pondríamos en búsqueda de su trascendencia física y como poeta, porque ha decidido ser embalsamado por Pedro Ara, un anatomista famoso, muy conocido durante esa época, attaché cultural de la embajada de España en Buenos Aires, que su mayor notoriedad la alcanzó tras el embalsamamiento de Eva Perón. Virgilio quiere que a su muerte le sean amputadas y embalsamadas las manos, llevadas a La Habana para ser exhibidas en la Sociedad Económica Amigos del País, y desafiar así a sus enemigos, principalmente a otro célebre de las letras cubanas, Lezama Lima.

Cuando más cerca está de Pedro Ara, muere Eva Perón. Al anatomista le encargan el tratamiento del cadáver de la primera dama, y Virgilio comienza a odiar y trata de destruir a la momia de Evita que le ha robado la posibilidad de trascender físicamente.

El texto es desenfadado, audaz y libre. Su libertad en la apropiación de personajes reales, sometidos a un minucioso proceso de ficcionalización no parece tener fronteras. Travestidos dotados de una identidad que se difumina en la espesa red intertextual de la ficción (en la cual a veces se excede, hay que reconocerlo). El intenso juego entre acontecimiento real y peripecia imaginaria trae como resultado un texto entreverado, que halla en su propia indefinición, una de sus fuentes de creatividad.

Entre los temas de la salvación de unas manos, la “presión” rediviva de Virgilio Piñera y un disgusto irónico con el protagonismo de Eva Perón, la novela nos hace un legado capaz de ceder a cualquier escrutinio. Con esto queremos decir que, sin quitarle méritos creativos a la obra ganadora del Premio Rómulo Gallegos, Fumando Espero tenía todos los méritos necesarios para ser la triunfadora. Y esto uno lo concluye después de leer las dos piezas finalistas. ¿Habrá sido por ser un texto “abiertamente gay” o reaccionaria políticamente? ¿o porque en su texto hace una referencia “candente” sobre Jorge Enrique Adoum, quien fuera miembro del jurado en esta edición?. En fin, ya está en la calle y la historia, irremediablemente, ya es historia.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 22 de noviembre de 2005

Aquella Noche de Vargas

Llovía intensamente aquel miércoles 16 de diciembre en La Guaira. De pronto, una intensa avalancha de barro comenzó a irrumpir violentamente por las calles de la ciudad; agua piedra y lodo invaden todo. Automóviles son arrastrados por la corriente como si fueran de juguete y las paredes de las casas son derrumbadas con una pasividad pasmosa. En los días siguientes, el mundo entero verá a través de la televisión como un gran deslave arrasó prácticamente con todo el Estado Vargas, dejando muerte, destrucción y miles de historias de dolor, llanto y tragedia que sin duda dejarán una huella imborrable en los años subsiguientes, en los que ninguna de sus víctimas transitará gratuitamente por las remembranzas de aquellos días.

Hoy, a escasos seis años de aquellos desastres, Carmen Vincenti (Caracas, 1943) pone el dedo en esas huellas con Noche oscura del alma (Ediciones El Otro El Mismo. 291 páginas). Esta novela desarrolla una íntima historia que engloba una perspectiva de aquella catástrofe, además de otras situaciones pasadas y familiares relativas a la vida de su personaje principal, ejemplo de las miles de visiones que de aquellos sucesos pueden tener sus sobrevivientes. Noche oscura del alma es la historia de Adriana, una profesora de arte y dibujo de un colegio para niñas que, en medio de una tormenta de complicaciones interiores y desengaños amorosos, toma un pequeño descanso en un apartamento del Litoral Central. Mientras tanto afuera, las lluvias empiezan a desencadenar el deslave y Adriana queda atrapada en medio del caos.

La novela presenta una voz interior en tercera persona que revela la historia personal de su protagonista, mientras va incorporando un discurso periodístico que narra las incidencias de aquellos aciagos días. Historia que conjuga el diálogo con un padre desaparecido en una conmoción familiar, una voz anónima en forma de narrador y una situación de intertextualidad a través de la inclusión de noticias de prensa nacional con toda la información del desastre natural.

El texto es prologado por Antonieta Madrid, quien describe la novela como una “polifonía” de sincronicidad temporal.“Vincenti escribe desde la globalidad (...) no sólo escribe en su propio cuarto sino que, al negarse a tal reducción del espacio íntimo, se asoma hacia el espacio externo para así plasmar, analizar, comentar y hasta criticar los hechos narrados con total versatilidad”. Un ejemplo ese tipo de escritura “global”, que tanto auge ha tenido en estos últimos tiempos en la literatura venezolana y en él se mezcla el adentro con la realidad circundante.

Noche oscura del alma es la tercera novela de Vincenti, quien ha sido profesora del Departamento de Lengua y Literatura y coordinadora del postgrado en el área en la Universidad Simón Bolívar y anteriormente había publicado los títulos: En cristales de cuerdas (2000) y Y la sombra como siempre detrás de si misma (2001), así como los ensayos Un itinerario inconcluso (1990) y La aventura metaficcional (1998) -obra que le mereció en 1997 el Premio Municipal de Literatura, Mención Investigación- y múltiples artículos en revistas especializadas.

Esta es una novela llena de contrastes, afortunadamente bien organizados, donde el lenguaje frío de la narración periodística, un narrador confidencial y el monólogo límpido y traslúcido del personaje principal hacen que el texto trascienda su propio género, inmiscuyéndose en los terrenos de la crónica y del reportaje y matizando ambas con la emotiva vivencia de aquello que la lluvia y el barro se llevaron en los terribles días de diciembre de 1999, arqueando un drama entre lo público y lo privado.

El carácter ficcional inmerso “en las aguas” de los hechos reales hace del tomo una hábil narración con buenos matices de originalidad. ¡Interesante opción de lectura!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 15 de noviembre de 2005

Nuevo Altazor

Vicente Huidobro (1893 - 1948), poeta chileno de nacimiento, no sólo fue uno de los grandes animadores de las vanguardias europeas del siglo, sino uno de sus más importantes creadores; y su poema Altazor (Madrid, 1931), comparado por su importancia a La Tierra baldía, de Eliot, y a Anábasis de Perse, es, sin duda, una de las cimas de la poesía castellana de este siglo.

Reconocida por los entendidos como la obra cumbre del vate santiaguinos, representa un “compendio” de los alcances y límites de su proyecto poético creacionista. Además, se sitúa, junto con Residencia en la Tierra de Pablo Neruda, Trilce de César Vallejo, y Los gemidos de Pablo de Rokha, dentro de las más altas cumbres de las vanguardias suramericanas. Todos estos son justificables argumentos para que Monte Ávila Editores bautizara con el nombre de “Altazor” a su colección poética, la cual fue relanzada a inicios de octubre del 2005 en el marco de la XII Semana Internacional de la Poesía, celebrada en Caracas en ese año, remozando sus diseños de portada y presentando cinco nuevos títulos: Habitar el instante, de Jesús Alberto León; Calle del pez de Douglas Bohorquez; La sombra de una mano de Luis Alberto Angulo; Lo que queda. Antología de José Watanabe y Mieles, poesía reunida de Carmen Verde Arocha.Estos dos últimos títulos, el primero peruano y el segundo venezolano, conforman esta reseña.

Balbuceando versos: La primera antología del peruano José Watanabe (Laredo, 1946), Elogio del refrenamiento, fue considerada por Babelia, suplemento literario del diario El País de España como uno de los mejores libros publicados en España. El éxito editorial de este texto lo llevó a realizar Lo que queda, su segunda recopilación poética. Una inquietante pregunta parece sugerir el título de esta antología ¿qué es lo que queda?. El autor lo explica con un verso que extrae de San Juan de la Cruz, con el que abre el libro. “Un no se qué que queda balbuceando (...) lo que ha sido, lo que será; de forma tal que siempre del ‘limonero a la mampara’ cruzará una sombra desandando sus pasos”. Poesía densa, inquietante y cargada de elementos estéticos y retóricos componen este texto de 120 páginas

El dulce sabor de la nostalgia: En Mieles, poesía reunida, de la venezolana Carmen Verde Arocha (Caracas, 1967) concurren el conocimiento interior, la infancia, los ancestros y la espiritualidad. Por intermedio de una poesía simbólica, la autora unifica en 127 páginas la experiencia íntima de la mujer adulta, vehemente y anhelante, con la sensibilidad del imaginario de la niñez. La tierra, el río y el mar son espacios recurrentes, lo cual infiere que el paisaje natural es el origen de la historia personal, ambiente de origen y entramado del cuerpo.La poesía de Verde Arocha, es sencilla. En ocasiones se manifiesta la ironía, pero se impone siempre un tono sereno y un lenguaje claro, aún con la carga simbólica de cada poema, arqueando un estilo propio que ha ido desarrollando con sus anteriores poemarios Magdalena en Ginebra (1994), Cuira (1997) y Amentia (1999), galardonado con el Premio de Poesía del II Concurso Literario Anual Arístides Rojas de ese año.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 09 de noviembre de 2005

sábado, abril 01, 2006

De mujeres


Deténgase un momento en esta lectura y piense: ¿Cuál es y ha sido el mayor tema literario de toda la historia? ¡Las mujeres, por supuesto! Y ¿Quién no ha escrito algo tocante a la mujer?, decía la escritora colombiana Pilar Segura de Casas. Ellas son el tema obligado de todo escritor aprendiz, tema diluido y dinamizado infinitesimalmente, a estilo homeopático, por los dramaturgos y novelistas, por los fisiólogos y moralistas de todos los tiempos y todas las naciones; todo el que quiere acreditarse de profundo conocedor del corazón humano, empieza por analizar a su modo a la mujer.

Cada cual pretende haberla estudiado a fondo. Unos la pintan como el demonio, otros como un querubín boquirrubio quien, como un ser mixto, es decir, ángel y demonio al mismo tiempo, cuales como una impenetrable esfinge. Dos ejemplos de ello son los libros Mujeres pérfidas de Luis Chumaceiro y Oración a la mujer de galleta de Elías Yánez Marín, el primero editado por Criteria Editores y el segundo por el sello Contemporánea Libros.

La mujer es perfidia: Volviendo a la literatura sobre mujeres, muchos de sus tomos han tenido el propósito de desenmascararlas.¿Quiénes son las verdaderas víctimas, ellas o los hombres?. “Gracias a la literatura, los hombres sometidos pueden acudir a los más disímiles mecanismos para rebelarse:unos buscan amantes dóciles y vacías... algunos, muy pocos, protegidos por un seudónimo, escriben en serio sobre las mujeres, en las páginas de humor de los periódicos”, así lo expresa el conocido abogado Tulio Álvarez, quien bajo el seudónimo de Luis Chumaceiro, presentó su segundo libro, Mujeres pérfidas (240 páginas), un conjunto de relatos humorísticos que narran hechos vengativos de mujeres heridas.Para el autor, el propósito del ejemplar es “decifrar el gran misterio que mueve a esa tendencia maligna de los hombres (...) las mujeres buenas se olvidan, las malas permanecen y quizás por ello ellas no tienen ninguna razón para practicar el bien”. Júzguelo usted mismo.

Y también es amor: Pero también la literatura sobre mujeres no ha podido negar que ellas, como madres, o hijas, o esposas, han sido y son protagonistas de las más profundas pasiones del ser humano. Así, de forma poética, lo expresa Elías Yánez Marín con Oración a la mujer de galleta (70 páginas), su segundo poemario con el cual explora la sensualidad, el amor eterno, la seducción, el antojo, la lujuria y otros aspectos del amor desenfrenado, teniendo a la mujer como motor de todos estos aspectos.El libro cuenta con sendos preámbulos de José Tomás Angola y Javier Vidal.

El segundo de ellos comenta sobre el texto. “Elías Yánes huye de sí mismo para encontrarse en su otro yo que es una mujer (...) Su poesía tiene sexo, tiene pasión, tiene mujer, tiene eros. Describe una soledad que añora. ¿o rechaza? y así canta ‘Dulcinea del desierto, porque mi corazón pide tu resguardo’”.

La presentación del tomo es sugerente: “Te dispones a leer un poemario cuya historia arranca bebiendo una botella de Jack Daniel’s (...) tu chica te acompaña y termina sobre la mesita de noche de tu habitación, la noche en que le haces el amor y no acabas hasta que sale el sol. Es un homenaje a la mujer, porque ella, en sí misma, es amor”.

Entonces, ¿es amor o perfidia?. En fin, cada uno habla de la fiesta según le va en ella.

Inconsciente

Está en boca de todo el mundo, sus poderes afloran por doquier y su misterio es criadero de pretendidos saberes ocultos. Parece, más bien, que los románticos han resucitado...

Más, si los románticos tienen cierto genio para adivinar los fantasmas, el inconsciente psicoanalítico, el inconsciente freudiano apela a otra cosa, apela a una estructura psíquica algo complicada. Descifrar esos complejos sistemas que definen al inconsciente y su relación con el arte y la sociedad es el objetivo que procura Crónica del anhelo del psicoanalista y ensayista venezolano Fernando Yurman (Caracas, 1945), uno de los títulos de Monte Ávila Editores.

Con 186 páginas, Crónica del anhelo integra un conjunto de ensayos, cuya multiplicidad de temas está unida por un interrogativo afán gnoseológico, es decir, del conocimiento del ser; que se mueve por disciplinas como el psicoanálisis, la historia literaria y la poesía, encontrando entre ellas el vínculo que une a ese “artificio aéreo” del arte y el proceso creativo con la formación social de su escenario histórico.

El libro está estructurado en dos capítulos. El primero de ellos aborda temas como la función poética del lenguaje y la vida social; la escritura como ordenador de trastornos; poesía y enfermedad mental; la voz contra la letra y además el intenso ensayo Derroteros y cruces de la excentricidad, el cual versa sobre la interioridad de dos personajes emblemáticos del arte que tiene como materia prima a la psique: el célebre escritor argentino Jorge Luis Borges y el “padre del psicoanálisis”, Sigmund Freud. En el segundo apartado se pueden leer artículos sobre la condición fetichista como “gozne histórico del erotismo”, la historia y la narración en el psicoanálisis y dos ensayos titulados La antimateria en la historia y Ramos Sucre: la letra que inicia la realidad .

“En el inconsciente, nos enseña el psicoanálisis, se arremolinan las corrientes mayores del anhelo, tanto aquellas cuya espuma bordeará los sueños, como las que empapan la cultura para renovar en los símbolos el limo cíclico de la vida. El ascenso de esas fuerzas remodeladoras se encuentra en todas las expresiones, desde la pesada cantera de psicopatología hasta en el artificio aéreo de la literatura”, agrega el autor en el prefacio de este volumen. Todos los ensayos procuran historiar algo de esa confluencia evanescente.

“Algunos paralelismos -indica Yurman- se llaman y se excluyen: los fetiches de la patología perversa y el aura mágica del arte; las simetrías ocultas de la poesía y los misteriosos ritmos de la psicosis, las vicisitudes narrativas de la literatura y de toda memoria humana”. Asimismo, y con un lenguaje sencillo y explicativo, el autor intenta vaciar, en un mismo empaque, sus experiencias como psicoanalista y ensayista, desarrolladas en sus diversos cursos y conferencias sobre el arte y el psicoanálisis, publicadas en diversos medios nacionales y extranjeros y en la producción de libros sobre estos temas, entre los que destacan Metapsicología de la sublimación (1992) ; Lo mudo y lo callado (2000), Psicoanálisis y Creación (2002) y La temporalidad y el duelo (2003).

En síntesis, Crónica del anhelo es una obra sugestiva e inquietante por la cual, en un empeño de tal naturaleza, transitan los fantasmas de personajes como Kafka, Freud, Nietzche y Borges; con la justa referencia desde sus primeras páginas a Don Andrés Bello. Para los interesados en estos temas, ofrece una interesante visión sobre el proceso de creación mental del arte, antes de ser plasmado.Para los que les inquiete y se acerquen por primera vez, les recomendamos que se tomen su tiempo y un buen café porque les puede resultar la lectura tan equiparable como el inconsciente. Un buen ejercicio.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 25 de octubre de 2005

Naufragando

Hoy por hoy se nos hace común escuchar en los noticiarios o leer en la prensa acerca de los desastres naturales. Tal vez sea por ello que un buen sector de las artes, particularmente el cine y la literatura, haya tomado la misión de reflejar y transmitir el verdadero gran efecto de una tragedia natural: no estamos hablando de las consecuencia que sobre la misma naturaleza tienen y que no dejan de ser importantes; hablamos de la huella impregnada que queda tatuada en el sentir y pensar de quiénes la sufren. Así, particularmente en la literatura, han aparecido textos como el Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, por mencionar uno de tantos, que ha plantado banderas en la sensibilidad de los lectores.

Recientemente, y con esa misma intención de naufragar en el tema, aparece en los anaqueles nacionales Éxodo al Pacífico (256 páginas) del venezolano Darío Campo, bajo el sello de Comala Ediciones. Es novela de ficción que ha tomado como materia prima las inevitables secuelas que un desastre natural lleva consigo; golpes a la psique destruyen las defensas de la persona de manera repentina y que trastornan el funcionamiento útil de una sociedad.

La novela narra la historia de la odisea que vive un grupo de personas que, a causa de un desastre natural que destruye gran parte del planeta Tierra, debe emigrar desde las costas venezolanas al océano Pacífico. Durante esa larga travesía, los personajes se enfrentan a grandes obstáculos que los alejan cada vez de su destino, como la presión mental y la desesperación, el hambre y la desleal batalla entre el grupo por la darwiniana supervivencia del más apto. Sin embargo, la osadía, el ímpetu y la fe sobresalen en el relato ayudando a los naufragantes a superar las pruebas llegando a un destino incierto.

El relato presenta un enfoque audaz que describe cómo los efectos de los cambios en los seres humanos nos sitúa, por un lado, frente a nuestra fragilidad ante ciertos avatares de la vida. Por otro lado, sin embargo, nos muestra cómo la mayoría de los hombres y las mujeres, mayores y pequeños, se adaptan saludablemente a las vicisitudes que se cruzan en su camino. Quizá no pueda ser de otra forma. Sin duda no es fácil concebir la supervivencia de una especie tan “inteligente” y tan “habilidosa” como la nuestra, sin que la mayor parte de sus miembros supere las adversidades y sienta que vivir merece la pena.

Hay que destacar que la novela se sitúa (o quizás debamos decir, se atrevió a situarse) en el contexto social venezolano, el cual aparece muy bien descrito y, guste o no, presenta una realidad notable que dentro de la ficción suena a recordatorio: aún no hemos elaborado en nuestros países latinoamericanos solventes planes de contingencia que nos socorran de cualquier tipo de desastre provocado por las fuerzas naturales. Eso es un punto a favor del relato.

Anotación positiva también merece la sencillez de la pluma de su autor. El lenguaje narrativo es directo, preciso y sin aditivos literarios. Esto le otorga agilidad a la lectura y fácil comprensión de la historia, pero es un arma de doble filo, ya que es una narrativa tan directa sino más bien parca, que no matiza con recursos literarios, lo cual hace del relato una secuencia de hechos planos que corta la posibilidad de crear imágenes sensoriales. Quizá esto es lo único extraño en esta novela de Darío Campo, con respecto a anteriores textos que han tratado la misma temática.

No obstante, el autor utiliza otros recursos, como el humor y la espontaneidad, que hacen que el paso de las páginas se haga cómodo sin llegar a lo enteramente monótono. Éxodo al Pacífico es un buen experimento de literatura ficcionada que mezcla un creativo uso de elementos imaginarios matizados en buena forma con la cruel realidad de una orbe que reclama su transitar natural y que hace despertar el asombro ante lo realmente frágil que es la humanidad. No la pierdan de vista, ni al autor tampoco.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 17 de octubre de 2005

Amores sáficos

Muchos creemos -y me incluyo en esta afirmación- de que llegará el inevitable día en que las mujeres dominarán el planeta. A pesar de la minoritaria condición que el vernáculo mundo occidental les ha querido imponer, el poder de las féminas ha destacado en sociedad tomando liderazgos y hasta poniendo a temblar a los gobiernos sólo con una arma: su sensibilidad, erotismo y seducciones naturales. Ejemplos sobran: Marilyn-Kennedy, Lewinsky-Clinton, Evita-Juan Domingo y haga usted memoria de otros más, incluso venezolanos. Se lo dejo de ejercicio.

Y esto no es producto de la altisonada “liberación femenina” de los 70. En la antigüedad ya se podía ver como una mujer, Tarpeya, ponía en jaque al creciente Imperio Romano al lanzarlo en venganza a la lucha con los Sibelios. Y más atrás, en la Grecia Arcaica, los versos de Safo hacia temblar los preceptos de la impetuosa, machista y castense sociedad helénica, oponiéndola con una declarada independencia sexual femenina.

Tal fue la influencia de esta última que el mismo Platón la bautizó como la Décima Musa, inspiradora de los primeros versos sobre la feminidad y, aún en nuestros días, de novelas como la que el venezolano David Alizo, bajo el título Safo de mil amores (286 páginas), lanzó bajo el sello de Rayuela Taller de Ediciones. Safo de mil amores es una versión novelada de la historia de la excepcional poetisa griega, maestra de jóvenes aristócratas y luchadora de la satisfacción femenina.

Nacida en la isla de Lesbos, su pretendida homosexualidad, puesta en duda por la crítica moderna, determinó el sentido semántico del calificativo de “lesbiana”. Su poesía, erótica y delicadamente carnal, es una de las expresiones más sorprendentes de la Grecia preclásica donde la sensualidad, el deseo y la religión se confunden en un afán de búsqueda de un nuevo valor opuesto a los tradicionales y celebrada por autores como Platón, Catulo, Petrarca, Leopardi, Byron o Rilke.

El relato de la novela se inicia cuando Safo llega a la ciudad de Siracusa junto a su padre y hermanos, expulsada de la Isla de Lesbos por el tirano Mírsilo. De ahí en adelante se desarrolla una vorágine de amor y dolor en la que Safo descubre su intimidad y la evoca en sus versos y en la fundación de la “Casa de las Servidoras de las Musas”, suerte de colegio de señoritas donde las aristocráticas muchachas griegas acudías para recibir lecciones y seducciones de la poetisa. En ese círculo se desarrolla un mundo de enseñanzas, aparecen los hechizos del amor-pasión por obra de las divinidades eróticas, las intrigas, los celos y las fiestas.

Concluye la narración con una visita de Safo a un taumaturgo de la ciudad de Claros, en Asia Menor, para indagar sobre el futuro, el suyo, el de su familia y el de las muchachas que lo rodean. En esas visiones se vislumbra su destino final. La novela de Alizo presenta la pasión amorosa de Safo de manera desnuda, sin ornamentos, como una fuerza irracional que se apodera del ser humano y se manifiesta en diversas formas, como los celos, el deseo o una intangible nostalgia.

Destaca la labor de contexto del autor quien desdibuja de una manera armónica y casi pedagógica a la sociedad griega, que hace notar el conocimiento de Alizo sobre el mundo helénico, desarrollado en obras anteriores como La segunda memoria, Saber de Gracia y Iliada, De aqueos y troyanos .Por otra parte, coincide con el reciente hallazgo, a finales del 2004, de nuevos cantos de Safo por parte de estudiosos griegos.

Sin duda alguna, Safo de mil amores pretende, con una prosa sencilla pero cargada de emotividad, acercanos a la vida desconocida de esta enigmática mujer para quién el amor fue siempre un “frenesí erótico”. Es una interesante novela que pone en reflejo el sensible poder de las mujeres y que intrínsecamente cuestiona los preceptos de una sociedad machista e intransigente. Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 11 de octubre de 2005

El turno del escriba

Una introducción de proporciones casi bíblicas da inicio a la lectura. “Y en el año de Nuestro Señor de 1928, estando él, Marco Polo, en prisión en Génova, messer Rustichello, ciudadano de Pisa, que estaba con él en la misma prisión, pensando en los beneficios de hacer públicas las grandes maravillas que Marco Polo había visto, escribió este libro verídico y sin engaño, y lo dividió en tres partes”.

Así comienza El turno del escriba, de las argentinas Graciela Montes y Ema Wolf; texto ganador del Premio Alfaguara de Novela 2005 .Esta novela, de 257 páginas y provista de un lenguaje fresco y sencillo, casi figurativo, abre la puerta a los umbrales de una de las épocas más significativas de la humanidad, la de las interrogantes sobre el mundo y el encuentro con lo desconocido; materializada en las aventuras y desventuras del mítico navegante Marco Polo, fuente de inspiración de grandes relatos y matriz de un sin fin de leyendas.

El turno del escriba tiene como personaje central a Rustichello de Pisa, quien vive su decimocuarto año en la prisión como rehén de guerra de Génova, por entonces la ciudad-estado más fuerte del Mediterráneo. Este escribano viejo y cansado, que había iluminado y copiado para las casas reales de Europa, no había conseguido interesar con sus cartas a ninguno de sus antiguos empleadores. Hasta ahora nadie parecía apremiado por pagar el rescate del anciano escriba. Su destino cambia cuando llega un nuevo prisionero a su celda, nada menos que Marco Polo, siervo del implacable Gengis Khan.

Rustichello adivina en seguida el tesoro que tiene entre sus manos y con los relatos de Marco Polo y sus propias habilidades de copista “casi escritor”, hará un libro que le atraerá de nuevo el favor de los príncipes cristianos y obtendrá de ellos no sólo su liberación, sino el ser recibido en las cortes que han dejado que sus huesos se pudran en prisión. Se desprenden un arsenal de pensamientos luego de su lectura. Resulta significativa la lucha del personaje principal con su escaso tiempo de vida y con la burocracia a la que están sometidos sus textos; asimismo, el paciente trabajo que tuvo que realizar con Marco Polo, a quién tuvo que educar para que le sirviera de fuente coherente de su vida.

Y hay una dura realidad que es ejemplificada:los humanos siempre han valorado a sus congéneres por la novedad o servicio que le brinden, su valía personal o simplemente su condición humana siempre quedará subyugada ante el interés, ante el pragmatismo que los ha caracterizado en todas sus etapas, en todas las sociedades. El relato es prueba de que una novela histórica, tratada adecuadamente, puede ser también una enriquecedora lectura. Su conjunto es un relato lleno de suave humor, de un autor que no pretende mimetizarse con la época, sino resaltar el único momento de grandeza de un pobre amanuense, su turno de escritor.

Es de reconocer la versátil técnica de Montes (Buenos Aires, 1947), editora y periodista quien anteriormente ha publicado obras como El umbral (1998) y Elísabet (1999), las cuales han circulado por todos los países de habla hispana y han sido traducidas al alemán, italiano, portugués y tailandés; y de Wolf, conocida por su trabajo en el diario La Nación de la capital argentina y por sus novelas infantiles Preafán de Palos, Historias a Fernández, Libro de los prodigios y Los imposibles, entre muchas otras.

Así, con una buena historia para contar, con un buen argumento, una técnica bien planteada y sobretodo, la sensibilidad manifiesta en cada capítulo, la historia de ese escriba trasciende el marco histórico para convertir su desarrollo en un acto de libertad, donde un hombre transforma el espacio cerrado de un calabozo en un arca donde caben el mundo real y el de los sueños. Una lectura altamente recomendable.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 4 de octubre de 2005

¿Democracia?



En estos tiempos donde la legitimidad y la estabilidad del sistema democrático venezolano se ponen en tela de juicio, bien valdría la pena hacer una revisión de lo que el término “democracia” ha representado para el país en las últimas décadas, para realmente saber dónde estamos parados políticamente, hacia dónde vamos y si lo que necesitamos es forjar una lucha para defenderla o debemos apoyar un nuevo modelo político que rija los destinos de la nación.

Para alimentar ese imperioso debate, la Editorial Pomaire entrega La democracia traicionada: Grandeza y miseria del Pacto de Punto Fijo de Carlos Raúl Hernández y Luis Emilio Rondón; y Democracia participativa de César Solórzano, títulos donde el definido “sistema del pueblo y para el pueblo” es el plato fuerte de discusión.

Traición puntofijista: “Lo que vive Venezuela hoy tiene una explicación básica: la traición a una democracia que sobrevivió por 40 años en base al acuerdo entre los partidos políticos y los demás grupos de poder, y que permitió durante ese período la subordinación del poder militar al civil, como en toda sociedad moderna”. De esta manera, La democracia Traicionada: Grandeza y miseria del Pacto de Punto Fijo fija posición del devenir político actual, el cual califican los sociólogos venezolanos Hernández y Rondón, de “una profunda crisis de gobernabilidad”.

En la publicación se hace un recorrido a lo largo de las últimas décadas, haciendo énfasis en hechos como el denominado “viernes negro” de 1983, el “sacudón” del 27 y 28 de febrero de 1989 y el consecuente desplome de las reservas internacionales; los golpes militares del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, la transición Pérez-Velázquez-Caldera, que trajo consigo el fin del bipartidismo, y el triunfo de Chávez en 1998 con la posterior Asamblea Constituyente en 1999, para culminar en el “turbio” Referendum Revocatorio del 15 de agosto 2004.

Cuestionada: Después de su polémico libro El debate hoy, César Solórzano vuelve a la palestra y recoge el guante de la reflexión política con Democracia participativa, obra con la que la Pomaire inicia su colección Debate .“Es de perogrullo afirmar que hay una nueva manera de sentir la política, y una nueva manera de hacer la política. Ambas ensayan una visión del país y ponen en marcha mecanismos para alcanzar objetivos en función del desarrollo integral, que involucre al ser humano y a la naturaleza, con criterios libertarios y que nos permitan afirmar que nos dirigimos hacia un mundo mejor”.

Así describe Solórzano, el panorama político actual del país, pero para él es imprescindible iniciar el debate político discutiendo ¿Dónde estamos?, ¿Es realmente esta una etapa de ‘revolución’? Ambas preguntas son desarrolladas a lo largo de la obra, sin contar las referencias hacia el “imperio” y su influencia negativa en los países del sur. “Para ellos, destruir la sociedad e imponer el pensamiento único es la consigna”.

Sobre la “democracia participativa”, afirma “aunque sumamente nueva, podemos decir sin temor a equivocarnos que esta revolución no tiene retorno, se quedó, porque es de justicia, es de conciencia social instalada. Esta revolución puede transformarse a futuro, pero hacia más porque del punto a que llegó, no regresa”. Por ahora, el debate está abierto.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 27 de septiembre de 2005

Paciente y lejana


La poesía tiene el poder (quizá debamos decir, la obligación) de evocar imágenes en las personas que hacen contacto con ella.Como el erotismo, la escritura poética debe llevar al lector al terreno de la imaginación, proveerlo de universos visuales y recrear los espacios del Yo interior; seducir al lector. Claro está, todo parte de la sensibilidad que profese y de la musicalidad y profundidad que imprima el bardo al proceso creativo.

Es por eso que el arquitecto y bardo venezolano Alfredo Camejo (Caracas, 1941) piensa que la poesía debe ser paciente. “Este género” -la poesía-, “como todo acto creativo, requiere también de un proceso de gestación y, para decirlo de nuevo con las palabras del poeta, ‘de algo de maceración’. Esta analogía culinaria es apropiada, sobretodo porque la palabra es un ingrediente utilizado para todo sin precisar realmente su función a menos que nos volvamos literales y creamos que la realidad y los vocablos son la misma cosa.

Así pues el autor va de forma paciente a la caza de la sensibilidad de los lectores con su poemario Tan lejos como aquí (171 páginas) el cual inauguró la colección Poiesis de la editorial venezolana Criteria con la que se busca hacer un espacio para la producción y publicación poética . Tan lejos como aquí es definida por sus editores como una publicación muy “sui generis” donde se combinan las palabras o poemas con dibujos o ilustraciones y se puede apreciar la integración de los mismos, producto de una búsqueda intensa de la originalidad.

Compuesto de 40 poemas cortos, cada uno acompañado de sus respectiva caricatura, la obra tiene la facilidad de leerse fácilmente, recreando al lector por medio de los dibujos que toman un puesto importante en el grueso del tomo. A lo largo de la lectura se puede percibir un proceso de “incubación” de bien logradas estructuras poéticas, de estilo sobrio y de estructuras breves. El vate recurre a lo básico, a lo necesario, a lo esencial y a lo cotidiano, notable en los títulos de los versos: “Silla”, “Cósmica”, “Matemática”, “Un ruido de siempre”, “Dios” y “Fin” son algunos de ellos.

El lector podrá ser testigo en esta obra de una palabra madura que nace de una reflexión incisiva sobre la vida y su devenir. El arte juega un papel fundamental en los escritos de Camejo y para hacerse eco de ello hace mano del imaginario visual que aporta al libro el artista y caricaturista John Moore, con lo que busca insertar al lector en ese universo visual del que hablábamos al inicio de esta reseña. Para el autor, no se trata de agregar un ornato a los versos, sino de introducir en la esencia de los mismos un complemento visual enriquecedor.

“El resultado” -asegura- “es un conjunto armónico, un todo profundo y seductor en sus componentes y en su contemporaneidad”.Camejo, quien también es arquitecto, urbanista y profesor universitario, deja discurrir sus experiencias y conceptos en esas áreas, proveyendo a los versos de un “lenguaje espacial”, que describe escenarios y ambientes, buscando alimentar la imaginación visual del lector.

Así surgen versos como este:“La poesía persigue en la geometría /lo ineludible del espacio. /Incansable sed sobre la desazón /encerrada por los labios. / Voz que yace y sigue, como sólido viento atolondrado / por la desesperanza. / Por el eco que no puede alzarse. / Piedra lanzada al vuelo buscando /la manera de verse sin equívocos” ; que resumen, poéticamente, el sentido y objetivo de la obra. Tan Lejos como aquí es el quinto libro de Camejo quien había publicado anteriormente los poemarios Acta de confines (1982), Precipicio antagónico (1986), Anatomía sin enmiendas (1991) y A bordo la mirada (2000).

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 20 de septiembre de 2005