Entre anaqueles

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domingo, marzo 12, 2006

El otro Gandhi


Al llegar a Londres pudo tomarse una fotografía:“En esa gráfica tiene el cabello negro y tupido, cuidadosamente peinado hacia la derecha. Las orejas son grandes; la nariz, amplia y puntiaguda. Sus labios y sus ojos son impresionantes.esos ojos parecen reflejar perplejidad, miedo, anhelo; se mueven en busca de algo. Sus labios son grandes, sensuales y tristes; están a la defensiva. Parece un hombre desorientado y descentrado; ha sido herido o teme sufrir un daño.

Su rostro es el de una persona que teme luchas inminentes consigo mismo y con el mundo, parece preguntarse si podrá vencer sus pasiones, si logrará algo...” Así describe el periodista y analista político Louis Fischer en la página 23 de su libro Gandhi, su vida y su mensaje a la humanidad (Grupo Zeta.270 páginas) al joven Mohandas a su llegada a la capital británica, el 4 de septiembre de 1888. Un perfil poco imaginado en un hombre que tendría como destino ser el Mahatma del pueblo hindú, su líder en la lucha por su independencia y reivindicador de las razas indias y negroides, en contra del racismo y la violencia.

Ofrece este texto una visión diferente y muy humana de Gandhi (02/10/1869-30/01/1948), a través de una completa y documentada biografía, desde su infancia en Kathiawar, su pueblo natal en India; su estancia en Londres, donde estudió derecho y empezó a cambiar su actitud personal; su viaje a Suráfrica, lugar en el que sufrió en su propia piel la injusticia del racismo y donde luchó por los derechos de los hindúes allí afincados; y, finalmente, su retorno a India, donde luchó por la independencia del país y por la autonomía de sus nativos, entre los que divulgó su doctrina personal basada en la espiritualidad, el ascetismo, la bondad y la no violencia.

La publicación describe a Gandhi de una manera muy distanciada de lo que se imagina; un tipo de metamorfósis casi radical, de un hombre que rehusaba a los dogmas de la religión y transgredía los preceptos impuestos en la sociedad por ella. Relata su oculta afición por la carne de res, prohibida en la cultura hindú, desde sus poses y ademanes propios de un ‘gentleman’ inglés, hasta su despojo total de placeres y vestiduras, revestido por una dimensión espiritual producto de su búsqueda religiosa y alimentada por la meditación y los postulados del Bhagavad-Gita, el equivalente de la Biblia para los católicos.

Ésas serían sus armas para las batallas futuras, justificadas por la necesidad del sacrificio para la libertad:“El que cavila siempre sobre el resultado pierde a menudo el coraje necesario para cumplir con su deber. Se impacienta y luego desahoga su ira y comienza a hacer cosas indignas; salta de acción en acción, sin ser fiel a ninguna. El que cavila sobre los resultados es como un hombre librado a los objetos de los sentidos: está siempre perturbado, se despide de todos los escrúpulos, todo es justo para él y apela por ello tanto a medios justos como injustos para lograr su fin”, afirmaba Gandhi ante su pueblo y detractores, en relación a que la renuncia hindú sería el camino a la pobreza y el estancamiento nacionales.La historia se enriquece con una bien lograda descripción de los ambientes y contextos en los que se movió el Mahatma.

Destaca el capítulo 3, ‘Gandhi en Londres’ que, en su búsqueda espiritual, se encuentra frente a frente, paradójicamente fuera de la India, con el hinduismo y la práctica del yoga, relato aderezado con una introducción a la ciencia de este arte oriental, basado en la adoración a Krishna, la meditación, el ascetismo y la búsqueda del ser interior, siguiendo los preceptos del Bhagavad Gita . Ese encuentro iniciaría la vida espiritual de Gandhi, convertido en un monje del yoga, o ‘yogui’ y transformará su perfil humano para los años subsiguientes. Afirmó en varias oportunidades que su vida fue “un esfuerzo constante para vivir el mensaje del ‘Gita’ .”

El desenlace es abrupto: un joven conspirador, Nathuram Vinayak Godse, en un auditorio público descargó su arma de fuego sobre el menudo cuerpo de Gandhi, esfumando su sonrisa y lanzando sus brazos a los costados. “Oh, Dios”, murmuró y murió instantáneamente.Así culminaría la vida de un hombre cuyos legados fueron el coraje, la verdad y el amor. Uno de los personajes más influyentes de toda la historia de la humanidad, que enfrentó a miles de ejércitos y logró cambiar al mundo sin más armas que su fe y sin mayor protección que su taparrabos. Una lectura conmovedora y altamente recomendable.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2005