Entre anaqueles

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sábado, abril 01, 2006

El turno del escriba

Una introducción de proporciones casi bíblicas da inicio a la lectura. “Y en el año de Nuestro Señor de 1928, estando él, Marco Polo, en prisión en Génova, messer Rustichello, ciudadano de Pisa, que estaba con él en la misma prisión, pensando en los beneficios de hacer públicas las grandes maravillas que Marco Polo había visto, escribió este libro verídico y sin engaño, y lo dividió en tres partes”.

Así comienza El turno del escriba, de las argentinas Graciela Montes y Ema Wolf; texto ganador del Premio Alfaguara de Novela 2005 .Esta novela, de 257 páginas y provista de un lenguaje fresco y sencillo, casi figurativo, abre la puerta a los umbrales de una de las épocas más significativas de la humanidad, la de las interrogantes sobre el mundo y el encuentro con lo desconocido; materializada en las aventuras y desventuras del mítico navegante Marco Polo, fuente de inspiración de grandes relatos y matriz de un sin fin de leyendas.

El turno del escriba tiene como personaje central a Rustichello de Pisa, quien vive su decimocuarto año en la prisión como rehén de guerra de Génova, por entonces la ciudad-estado más fuerte del Mediterráneo. Este escribano viejo y cansado, que había iluminado y copiado para las casas reales de Europa, no había conseguido interesar con sus cartas a ninguno de sus antiguos empleadores. Hasta ahora nadie parecía apremiado por pagar el rescate del anciano escriba. Su destino cambia cuando llega un nuevo prisionero a su celda, nada menos que Marco Polo, siervo del implacable Gengis Khan.

Rustichello adivina en seguida el tesoro que tiene entre sus manos y con los relatos de Marco Polo y sus propias habilidades de copista “casi escritor”, hará un libro que le atraerá de nuevo el favor de los príncipes cristianos y obtendrá de ellos no sólo su liberación, sino el ser recibido en las cortes que han dejado que sus huesos se pudran en prisión. Se desprenden un arsenal de pensamientos luego de su lectura. Resulta significativa la lucha del personaje principal con su escaso tiempo de vida y con la burocracia a la que están sometidos sus textos; asimismo, el paciente trabajo que tuvo que realizar con Marco Polo, a quién tuvo que educar para que le sirviera de fuente coherente de su vida.

Y hay una dura realidad que es ejemplificada:los humanos siempre han valorado a sus congéneres por la novedad o servicio que le brinden, su valía personal o simplemente su condición humana siempre quedará subyugada ante el interés, ante el pragmatismo que los ha caracterizado en todas sus etapas, en todas las sociedades. El relato es prueba de que una novela histórica, tratada adecuadamente, puede ser también una enriquecedora lectura. Su conjunto es un relato lleno de suave humor, de un autor que no pretende mimetizarse con la época, sino resaltar el único momento de grandeza de un pobre amanuense, su turno de escritor.

Es de reconocer la versátil técnica de Montes (Buenos Aires, 1947), editora y periodista quien anteriormente ha publicado obras como El umbral (1998) y Elísabet (1999), las cuales han circulado por todos los países de habla hispana y han sido traducidas al alemán, italiano, portugués y tailandés; y de Wolf, conocida por su trabajo en el diario La Nación de la capital argentina y por sus novelas infantiles Preafán de Palos, Historias a Fernández, Libro de los prodigios y Los imposibles, entre muchas otras.

Así, con una buena historia para contar, con un buen argumento, una técnica bien planteada y sobretodo, la sensibilidad manifiesta en cada capítulo, la historia de ese escriba trasciende el marco histórico para convertir su desarrollo en un acto de libertad, donde un hombre transforma el espacio cerrado de un calabozo en un arca donde caben el mundo real y el de los sueños. Una lectura altamente recomendable.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 4 de octubre de 2005