Entre anaqueles

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sábado, junio 24, 2006

Al calor del verano

La psicología ha sido cuestionada frecuentemente respecto a la conducta llamada criminal.Las preguntas más frecuentes pueden ser: ¿Por qué alguien decide romper la ley?, ¿Por qué hay tanta gente que parece no poder dejar de delinquir?, ¿Cómo hay gente que puede cometer cosas tan atroces?Parte de estas preguntas han resultado de los múltiples casos de los que, a través de los medios, el mundo se ha enterado, o de aquellos cuyas acciones eventualmente salen a la luz y son examinadas cuidadosamente para descubrir que se trata de personas inteligentes o cuyos motivos criminales son absolutamente incomprensibles, o incluso pueden pasar por tontos. Los más inteligentes, se suele decir, no han sido capturados y muchos siguen entre nosotros.

Ante estos “fenómenos criminales” podemos crisparnos o sentir temor; pero no podemos negar que nos produce una especie de morbo que nos hace indagar más sobre estos seres que han tomado el crimen como forma de vida.Esto es bien sabido por el escritor y periodista judicial afgano-norteamericano John Katzembach, quien ha sabido convertirse en un icono de la novela policíaca en Estados Unidos de América con El Psicoanalista y La historia del loco y regresó, luego de sus affaires con el cine, al terreno de la literatura con Al calor del verano (Ediciones B. 445 páginas), que se anexa a su lista de producciones de suspenso e intriga que han recaudado millones de dólares en la tierra del Tío Sam.

Originalmente concebida como el guión de la película Llamada a un reportero (1985), Al calor del verano conserva los elementos de intriga y juego psicológico que caracterizan la pluma de Katzembach, la cual en esta novela dibuja a un reportero de sucesos de un importante periódico de Miami, que regresa a la oficina de redacción tras asistir al funeral de una niña de diez años que ha sido asesinada. El editor del periódico considera que se trata de una gran historia y le ofrece publicarla en primera página. Una vez que publica el artículo recibe una llamada del asesino que anuncia que seguirá matando a víctimas inocentes. Las llamadas y los crímenes se van sucediendo y pronto el reportero descubre que se encuentra en el centro de la historia, estableciéndose una relación casi enfermiza en la que el reportero intenta ganarse la confianza del asesino para poder desenmascararlo.

En esta novela, un secundario principal cobra protagonismo inmediato: el ambiente de un Miami un tanto somnoliento, pero a la vez vivaz. Repleta de una naturaleza viva, y de unas gentes que se sintonizan con ella a ritmo de paseo. Moviéndose sobre ese marco, Katzembach crea una galería de personajes que van creciendo a lo largo de la trama: Un agente de bolsa, un inversionista, entre otros, van cayendo de las manos de un asesino que, en ocasiones, toma mayor protagonismo que el reportero, gracias al elaboradísimo retrato que el autor va realizando: un asesino egoísta, directo, inteligente, analítico, perspicaz y hasta con ademanes encantadores. Quizá un perfil algo común de lo que acostumbradamente se ve de los asesinos en serie.

Sin embargo, sobre este punto anterior descansa una de las virtudes de la pluma de Katzembach; quien durante la novela no emplea jamás adjetivos calificativos para retratar al asesino, porque de hecho no le describe; sino que le construye a través de sus acciones.Sólo en raras ocasiones la literatura negra ha conseguido esa familiaridad continuada que es la única ventaja sobre ella de la que pueden presumir las series de televisión.

Y, a pesar de que no se aleja mucho de la estructura “bestsellera” de finales flojos, las buenas secuencias de la lectura hacen de Al calor del verano una interesante opción de lectura con la que Katzembach demuestra ser un referente para los aficionados al suspenso psicológico, los cuales son muchos por estas tierras. ¡Un asesino está en los anaqueles!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 13 de febrero del 2006