Entre anaqueles

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sábado, junio 24, 2006

Bolivaria-no

Cuando en la era totalitaria las naciones marchaban al paso de la oca, el nacionalismo -así como el nazismo, el fascismo y otros tantos ismos- prometieron la gloria nacional y eterna, una resurrección del Imperio Romano y el Reich de mil años. El resultado ya está escrito en la historia: sangrientas muertes, racismo descarnado y torturas inhumanas amparadas bajo el mito de un pueblo unido bajo el amparo de la nación y de un líder infalible.

En Venezuela no hemos llegado a los muertos de la Alemania nazi pero, al igual que en el Reich, el nacionalismo ha dejado su impronta, haciéndonos recordar la frase de Cabrujas: desde la Batalla de Carabobo, el país ha estado en una constante batalla. Políticos y militares se ampararon en el nacionalismo -o bolivarianismo- para lanzarse a conquistar el poder con un final realmente de película. Dos siglos pasaron, pero la batalla sigue, y eso es lo interesante. De este interés surge el acercamiento a textos como el más reciente del reconocido historiador venezolano Manuel Caballero Por qué no soy bolivariano.Una reflexión antipatriótica (219 páginas) editado por Alfadil Ediciones, con quién anteriormente publicó La pasión de comprender, también reseñado en este espacio. Este libro descubre las posiciones del autor frente al fenómeno nacional-bolivariano, que ronda por nuestros ambientes desde hace 8 años, pero con raíces mucho más antiguas.

Caballero procuró analizar -tanto a partir de su razonamiento como de varias fuentes- las razones y causas del mismo.Como quiera que el libro se dedica a describir la inmensa influencia del bolivarianismo en las directrices de la nación, con sus dificultades, torceduras y obstáculos, hasta revolver las venas del histórico culto popular al Libertador, transformado en un “nacionalismo fundamentalista tonto si no fuese interesado y sobre todo pernicioso”.

Desde el inicio, la posición de Caballero se muestra tajante. “La historia es la memoria de la vida de los hombres como colectividad, antes que la de individuos famosos, por muy gloriosos y por muy geniales que hayan sido. Reducir los cinco siglos de vida de un pueblo a los veinte años de la acción de una personalidad relevante es mirar los hechos históricos por el lado equivocado del catalejo”, sugiere el autor. Con estas aseveraciones inicia la primera parte del tratado, dedicada a razonar el por qué, según Caballero, el culto a Bolívar apela a lo irracional, “por ignorancia o mala fe”.En la segunda parte reflexiona sobre el modo en que se ha hecho de Bolívar un ícono, junto a un Bolívar caricaturizado a través de frases mal citadas, falseadas, descontextualizadas, con la intensión de mitificar al personaje en lo que el autor define como “un monigote de bronce, de yeso o de papier maché, carne de inauguraciones, de fiestas patronales y hasta de carnavales internacionales”.

En la tercera parte contextualiza el bolivarianismo con los fascismos europeos y analiza el nacimiento de un fascismo criollo bajo el capote de la memoria del Libertador. La cuarta parte acusa los males del bolivarianismo, en palabras del autor, “el antiliberalismo económico, la xenofobia y la falsificación de la historia”.La última parte plantea la necesidad de eliminar la imagen de Bolívar como “Mesías” a través de diversos textos de varios autores venezolanos como Germán Carrera Damas, Luís Castro Leiva, Inés Quintero y otros tantos.

Por qué no soy bolivariano. Una reflexión antipatriótica, en síntesis, es el llamado de alerta de Caballero a erradicar los fundamentalismos de un "poder personalista". Para algunos, la respuesta obligada al Por qué soy Chavista de Farruco Sesto. ¡Júzguelo usted mismo!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 06 de junio de 2006

1 Comments:

At 6:40 a. m., Blogger Historiando, dia a dia said...

Felicitaciones, su blog es muy bueno. Ya lo recomendé a mis amigos.
Bravo!
Jaime de Almeida
http://jaimeida.weblogger.terra.com.br

 

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