Entre anaqueles

De libros y letras / Novedades editoriales / Reseña de libros

sábado, junio 24, 2006

De prófugos y fantasmas

Como desgraciadamente todas las cosas que suceden, y también las que no suceden, se han tenido que justificar, pues la hipocresía es base social de nuestra civilización (le duela quien le duela esa es la triste realidad nuestra), ha sido necesario que las justificaciones sólo cumplan con el objetivo de dejar señalados los errores y horrores que hemos cometido con el objetivo de la superación y el bien común, las cuales aún todavía estamos a la espera.

No olvidemos que el camino al dulce infierno está empedrado con buenas y de buenas intenciones.La influencia y los caprichos del poder -ya sea político o económico- han sido tema recurrente en el cine y la literatura. En este sentido recordamos en la gran pantalla al altanero Tony Montana -interpretado por Al Pacino- cuestionando la podredumbre de una sociedad regida por el imperio económico en El precio del poder, de Brian de Palma, por mencionar una de tantas películas. En la literatura, y más específicamente latinoamericana, José Saramago con cualquiera de sus libros se erige como punto de referencia de la crítica al poder.

Conviene hacer estas referencias antes comentarles De prófugos y fantasmas (2005) del uruguayo Héctor Concari, una nueva crítica literaria al poder pero enmarcada en otro terreno, en el de la ficción y lo novelesco; todo aderezado con la agilidad y el ingenio de la pluma de su autor, conocido en el país por sus colaboraciones en las desaparecidas revistas Cine Oja y Cine al día, Encuadre e Imagen de la Cinemateca Nacional. Esta novela, de 260 páginas y editada por Random House Mondadori, centra su historia en una mítica estructura urbana, una cárcel, a la cual la ambición de poder de un funcionario público logra transformar en un hotel de lujo a comienzos de la década de los 80, siendo el punto de partida la fuga de un grupo subversivo.Dos escenarios se exponen y se trastocan: la vida entre las celdas y la vida entre los remozados pasillos para así hilar una serie de relatos que en conjunto muestran los desmanes de la ambición que, tarde o temprano, comienzan a pasar factura.

Al inicio personal y posteriormente colectivista, narración se torna inquietante en la búsqueda de las fronteras entre la realidad y la ficción que conmueve sus personajes. Como casi siempre ocurre con la imaginación que trasciende, una pequeña anécdota de gente derrotada que hace tiempo ya extravió sus ilusiones, crece hasta convertirse en un retrato universal donde caben todos los espejos y todos los sentimientos. El juego de sombras y la ambigüedad que permea toda la novela, es evidente en las últimas páginas donde Ramírez problematiza la ficción en un epílogo que titula “Cuenta el que se escapó”.

El carácter documental de esa narración privilegia la realidad histórica por encima de la ficción novelesca, pretenden darle valor de autenticidad a la novela, hacer historia. “Escriba que hubo una vez una prisión, que después fue un hotel y que, navegando a través de los gobiernos, por ahí pasó lo mejor y lo peor y que, si las paredes hablaran, sabríamos cómo ese país se fue a la mierda”. Aunque elusiva en cuanto a identidades, mientras más se avanza en sus páginas, más claramente aparece Caracas como escenario de esa historia.

Es así como el autor logra construir un castillo fuertemente armado, para al final tirar de la alfombra bajo nuestros pies, y dejarnos suspendidos en el aire, flotando en la indecisión, en la duda, en el limbo que se abre entre el poder y la duda. De esta manera, De prófugos y fantasmas se proyecta como una indagación magistral sobre los juegos de poder, la adquisición y la pérdida de poder y que nos enfrenta, con maestría y arte, a las intrincadas manipulaciones de la verdad, a sus representaciones, a los efectos que los discursos tienen sobre la realidad, y los efectos de poder que éstas producen. Interesante propuesta.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 20 de marzo de 2006