Entre anaqueles

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sábado, junio 24, 2006

Del Oficio

El oficio del músico es componer, el del pintor recrear y el del narrador contar historias. Pero, ¿Cuál será el oficio del poeta?¿Poetizar? Platón aseguraba que la palabra griega “Poeta” significaba “La definición de hacer pasar algo del no ser al ser”, y sobre su oficio señalaba “explorar en profundidad los rincones más secretos de la inteligencia y del espíritu, en una combinación mágica que esculpe su verdad, su apreciación de la vida y de las cosas”.

Así es, o debe ser, el poeta: un transformador y a la vez un creador de ideas y comunicaciones, en un verdadero argonauta de la conciencia y del corazón, un buscador sublime de la verdad y de la luz, sin los afanes formales que tantas veces perturban y esconden la libre manifestación de las ideas y de los sentimientos.

Esto lo definía el escritor mexicano Efraín Bartolomé con una sola palabra: “El oficio del poeta es arder”. Por estas razones, el oficio de poeta no es, en modo alguno, ajeno al del investigador que busca con preguntas específicas una verdad amplia, abierta a muchas respuestas posibles, imbuidas ellas en el tráfago del permanente cambio. El poeta debe explorar los datos objetivos, resumir y proyectar, pronosticar los valores vitales, redimir sus hipótesis, lograr atraer al estudio de sus tesis la atención de los estudiosos, el reconocimiento de sus pares y finalmente -para quien sepa leer su lenguaje- reportar implicancias útiles por medio de hallazgos y temas pendientes.

Tal vez por ello el oficio de la poesía no le es ajeno a un académico como Bayardo Ramírez Monagas (Caracas, 1939), quién de la mano de Bid & Co. Editores se instaló nuevamente en los anaqueles caraqueños con En oficio de otoño (165 páginas), producción poética de este jurista venezolano luego de títulos como La búsqueda (1982), Oratorio por la paz del hombre (1983) y En otros reinos (1993) y bautizada a mitad de noviembre del 2005.

En oficio de otoño es un poemario que apunta hacia la sencillez y la precisión, evocando temas como la creación, las sensaciones, el amor, entre otros que la metáfora poética puede albergar. Lo diferente, curioso y novedoso del trabajo es que éstos vienen acompañados de anotaciones sobre el contexto y creación de cada poema, las cuales buscan zambullir al lector en la experiencia del poeta cuando realiza su producción. De esta manera orienta su estilo “hacia la densidad de síntesis, de ese algo del instante”.

Como se explica en la contraportada del libro, la creación poética de Bayardo Ramírez no obedece a estados luminosos ni a propósitos formalistas, es más bien una vía de conocimiento en sí misma, una experiencia real de su propio ser para quien ha creado un lenguaje.De allí que conjugue lo personal con lo social, con la vocación y la guerra espiritual.

Conocido más por su labor como asesor del Parlamento Andino y Parlamento Latinoamericano y como redactor de leyes, Ramírez busca en este libro la continuidad urgente de su pluma artística y la búsqueda de la respuesta infinita sobre la naturaleza de la poesía. Muchas interrogantes encuentra el lector al paso de cada verso, de cada poema y a la vez surgen visiones desgarradoras, súplicas, ahogados llantos en las páginas plagadas de olores a azafrán o a ajonjolí, húmedas algunas por la continuidad de sus lluvias o la sexualidad de sus hermosas mujeres. Su poesía le reza a San Juan de la Cruz, evoca a Rafael Cadenas y recuerda al amor platónico así como a la intimidad del ser.

Más que un poemario, En oficio de otoño es un documento que permite ver desde otra perspectiva el oficio de la creación poética. Con él, Ramírez apunta su nombre en la lista de personajes que, dedicados o conocidos por su actividad política, se han volcado en los últimos tiempos a la escritura artística. Afortunadamente, la profesión y el oficio están a salvo. La profesión es el trabajo intelectual de Ramírez, el que amalgama una a una las metáforas. El oficio será el del hombre, el que logra encontrar el milagro de la palabra.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 20 de diciembre de 2005