Entre anaqueles

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sábado, junio 24, 2006

El Bengala

De alguna manera, la posmodernidad en las costumbres y la libertad -o el libertinaje- social ha permitido que escritores que estaban muy proclives a ciertas ideologías se hayan permitido ahora explorar áreas diferentes, como la literatura de género o la crónica urbana que, en su momento, se hubieran visto con malos ojos. Esta última es una de las tendencias más interesantes, porque ha surgido como respuesta a los cambios masivos en las ciudades, haciendo que la urbe sea un lugar extraño por esas vertiginosas mutaciones sucedidas en tan poco tiempo.

En este nuevo género se representa una nueva relación con la ciudad, algunos muy autobiográficos, como es el caso del chileno Pedro Lemebel, uno de los autores latinoamericanos que ha trabajado con mayor amplitud el género y conocido por obras como La esquina es mi corazón (1995) y De perlas y cicatrices (1998), las cuales entrelaza las memorias con la ficción y con “tabúes” como la xenofobia, la homosexualidad y las drogas. En alguna oportunidad, el mismo Lemebel afirmó que “la crónica urbana es y debe ser una escritura bastarda, híbrida y monopolizada por los grupos económicos de poder”.

En nuestro país, varias plumas contemporáneas han desarrollado este género. Una de las más destacadas es la de Israel Centeno (Caracas, 1958), autor del Exilio en Bowery (1999), donde trabajó la figura y arquetipos góticos de Lovecraft; y sacó de ultratumba al Doctor Kanoche y a otros espectros urbanos en sus Criaturas de la noche (2000) y se ha paseado con buen pie por el sendero del relato urbano muy circunscrito a las barriadas caraqueñas.

Por ese mismo tránsito está Bengala (259 páginas), producción editada y puesta en los anaqueles de las librerías del país por el Grupo Editorial Norma, un relato que busca darle un carácter universal a Caracas, nombrándola no como los costumbristas, pero sí integrando a la capital con los arquetipos universales. Bengala tiene como epicentro un bar del mismo nombre, pero no es un bar cualquiera, sino uno de esos que salen en los libros de espada y brujería, es decir, lleno de escoria y que tiene la característica de ser íntimamente peligroso, como esos que abundan por el centro de Caracas y en donde cualquiera podría perder su dignidad entre cervezas y bailarinas.

En ese escenario se desarrolla la narración donde se cuenta la vida de un puñado de personajes conjurados en un viaje inverso a partir de la endeble cordura hacia la desesperación y el delito. Es un “thriller” peculiar en el que confluyen el crimen y la ternura de quienes se han perdido a sí mismos y buscan en la noche una válvula de escape, una fórmula de aniquilamiento o de retorno.

El Bengala es el centro del mundo. Es tigre, es noche, es un bar y una avenida, la Baralt. Allí recala una estirpe alucinada por sus fracasos que apuesta todo o nada a un juego signado por la trampa, la irrealidad y la ensoñación destacan sus editores en la presentación de contraportada. La novela tiene exploraciones con el comic, pero dentro los patrones del cuento y el regodeo en las formas y el lirismo.

Como en sus novelas anteriores, Centeno tensa el hilo de la historia mediante una compleja trama de voces líricas, eróticas, crudas, paródicas e intrigantes que terminan por configurar el ensamblaje de un universo urbano reconocible en donde la narración descriptiva y las referencias de la ciudad se hacen presente para darle un entorno al hilo narrativo, que se desarrolla diáfanamente con mucha soltura.

Bengala es una buena fotografía literaria de uno de los más tradicionales universos nocturnos de esta ciudad. Un universo donde los más variopintos seres, de todos los estratos y costumbres, escapan de la rutina, y más aún de su cotidianidad para hacerse sentir en un escenario donde las bajas pasiones, el instinto y las ganas de “sexo fácil” se mezclan con la necesidad, el interés, el “ganarse el pan” y la realidad que en ocasiones ha llevado a muchos al vicio, al desenfreno y a la muerte. ¡La calle está de vuelta!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 06 de diciembre de 2005