Entre anaqueles

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sábado, junio 24, 2006

La marcha a pie

La literatura venezolana tiene en la pluma de Victoria de Stefano (Rímini, Italia. 1940) a una de las precursoras, junto a Antonieta Madrid (1930), de una nueva visión en la cual la mujer, como escritora y personaje, es protagonista de un mundo abierto que no se limitó al espacio de la intimidad o al culto de la historia nacional. Con libros como El lugar del escritor (1992) y Cabo de vida (1994) solo para mencionar dos, reinserta la novelística nacional en una sensibilidad contemporánea, marcando una distancia definida con autoras de generaciones anteriores como Juana de Ávila o Narcisa Bruzual, entre otras.

Pero de todas las producciones literarias de De Stefano, quizá la más trascendente es Historias de la marcha a pie, editada por primera vez en 1997 y que reaparece en los anaqueles de las librerías del país de la mano de la editorial “El otro, el mismo” ; en una muy cuidada reedición que viene a sumarse a los títulos de la colección Salvador Garmendia de la editora alternativa merideña. Finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos en el año de su aparición, esta novela-memoria-ensayo-relato conjuga la experiencia de vida, el conocimiento literario, la erudición y la reflexión filosófica de De Stefano, todo en 300 páginas llenas de una vibrante prosa que engancha desde las primeras hojeadas.

En Historias de la marcha a pie, la escritora, que hace las veces de memoria viva y personaje, despliega la historia de una larga y no desprovista de nostalgia caminata de ida y de vuelta a Bernardo, enfermo terminal y amigo de toda la vida. El encuentro con él inicia en las primeras páginas, simbolizado por la cuesta que ha de subir dando un paso detrás del otro y que representa, como todo encuentro, un solitario y silencioso esfuerzo de resistencia emprendido por la memoria, las meditaciones e introspecciones a fin de recuperar el hilvanado de una vida que está por extinguirse.

“Subiendo la cuesta que conducía a casa de Bernardo, diciéndome voy a verlo, voy a verlo, por fin ha levantado el veto, de pronto, sin más, como una zambullida a las profundidades de un cuarto de siglo, se me impuso antes que el recuerdo, la vivida esencia del recorrido (...) Póngase lo que se ponga, siempre se verá lo mismo: la fritanga, el puchero de la indigencia, el hollín de la tristeza, los remiendos que exhibe, los andrajos que sacude la miseria, el agua de la curtiembre, el humo de los crematorios”.

La novela, eminentemente espacial en cuanto a narración de un peregrinaje, transpone a partir de lo vivido, lo visto, oído y percibido, los límites temporales y relativamente breves del trayecto a casa de Bernardo.De ahí la sensación de que la novela abarque más personajes y hechos de los que, por larga que sea, contiene una vida. Pues, paralela a la retrospección e interiorización del pasado de la narradora y del personaje narrado, es también una época la que hace posada en el camino. Así De Stefano escoge a sus personajes, atraídos por algún recuerdo banal, excéntricos, estrafalarios, perdidos en sus borrosas identidades.

Pero el tema fundamental es el propio lenguaje, la misma aventura de la frase, la impecabilidad de un tratamiento formal que encuentra un sentido rítmico de la lírica clásica, la concisión de la palabra certera que queda reverberando, la iluminación de una vivencia.Historias de la marcha a pie no tiene la marca de un lugar, su sitio es la memoria, el del recuerdo, el de la cultura como tejidos donde transcurre el devaneo de la pregunta por la existencia que teje tensa y culmina la trama, mostrándole al lector la capacidad dialogante que hace de cada paso el encuentro fortuito que desencadena los contenidos de la imagen, los laberintos de la memoria, el quiénes somos, quiénes nos rodean y quienes están enfermos ¿ellos o nosotros?!En horabuena apareció esta edición en nuestros anaqueles!

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 31 de enero de 2006