Entre anaqueles

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sábado, junio 24, 2006

Los vampiros de Kostova

Dígase lo que se diga, ya sea por buena pluma o por el buen mercadeo, son muchos los escritores que envidiarán a Elizabeth Kostova (Connecticut,EE.UU,1954), una desconocida que en pocos meses se hizo millonaria con La historiadora (Editorial Umbriel, 2005), su ópera prima que desde la mitad del 2005 comenzó a recorrer el mundo y que está en las librerías venezolanas desde diciembre del pasado año. Ya la editorial le adelantó dos millones de dólares por la obra y, lo que es mejor, ha visto ya su novela traducida a más de 28 lenguas. Además, por si fuera poco, la productora audiovisual Sony Entertainment ha comprado los derechos para llevar este “gran descubrimiento literario” a la gran pantalla. La historiadora se mercadeó como la sucesora del éxito de las novelas de Dan Brown.

Y si es verdad o no que obtuvo éxito de ventas, lo cierto es que su calidad literaria está muy por encima de obras como El código da Vinci, porque ésta es una obra bien escrita, que no engaña al lector ni le toma el pelo. Eso sí, esta narrada con un tempo interno lento y cadencioso, quizás por el uso de la técnica epistolar a lo largo de casi todo el relato. La autora además hace unas atinadas descripciones de todo lo que rodea a los personajes de la novela, convirtiéndose así también en un libro de viajes, recreando un ambiente que hace que el lector se involucre en la trama, además de dosificar la información que se va conociendo al mismo tiempo que la trama se desarrolla.Con todo ello consigue una novela que engancha a pesar de no tener la típica planificación “bestsellera” y de su ritmo pausado.

La historia es aparentemente sencilla, en tres momentos del siglo XX, pero relacionados entre sí, un historiador, su discípulo y la hija de este, salen en busca de pistas que les conduzcan a encontrar la tumba de Drácula. Un Drácula más cercano a Vlad Tepes que a la imagen romántica que legó el escritor europeo Bram Stoker. El libro se centra sobre todo en las pesquisas del discípulo del historiador, que desaparece al poco de entregar a su alumno toda la información que tiene sobre el vampiro, lo que hace que este recoja su testigo con el doble objetivo de encontrar al historiador y la tumba del vampiro.

Sin embargo el peso de la narración recae sobre la hija de este que muchos años después reconstruye la investigación de su padre. Todos estos historiadores, más muchos otros que aparecen en las páginas del libro van aportando pistas, gotas de información que conducirán a la resolución del enigma. Esto da que pensar sobre la traducción del título, pues el “historian” original puede que no se refiera a la narradora, sino a alguno de los personajes que aparecen en la novela.

Quizás lo más flojo de la obra son los vampiros que aparecen, unos vampiros desprovistos de glamour y que no suponen ninguna novedad con relación a otras creaciones sobre el tema. Sin embargo, a pesar de eso, consigue transmitir cierta sensación de desasosiego en algunos momentos. Por el otro lado están los personajes, muy bien construidos y caracterizados que hacen creíble la historia. Lamentablemente, mucho de lo conseguido se estropea en un final facilón y brusco, que rompe con el ritmo narrativo de la novela y que además de robar de forma un tanto desprovista de encanto la enigmática presencia de Drácula, busca descaradamente dejar un resquicio abierto para una posible continuación, dado el éxito de ventas seguro que llegará tarde o temprano.

En varias entrevistas, concedidas a diferentes medios alrededor del mundo, la autora ha afirmado que ha tardado diez años en terminar la novela. Tal vez podría haberse tomado unos días más y rematarla de forma menos decepcionante.

No obstante, La historiadora es una buena novela, sobre todo tratándose de la ópera prima de Elizabeth Kostova, quien, a pesar de sus fallos, que los tiene, da lo que anuncia y sobre todo apunta unas buenas maneras. Un producto de consumo literario digno y entretenido.

Andrés Tovar Zabaleta. Publicado en El Mundo el 24 de enero del 2006